Esbozo de una biblioteca de Fin de Siglo

Teresa Gómez Trueba
Pilar Alonso Palomar



INTRODUCCIÓN

Si tuviéramos que elegir una biblioteca ejemplar y a un lector ejemplar entre los escritores de fin de siglo, sin duda sería Azorín, porque su campo de lectura rebasa "con mucho lo puramente literario; y le ha servido no sólo para revalorizar públicamente la literatura y el arte de España, sino también para desarrollar su arte por contacto con fórmulas estéticas compatibles con su propia sensibilidad y para exponer sus ideas sobre problemas sociales y cuestiones espirituales y metafísicas. Otros libros, pues, siempre han sido el arranque de su inspiración artística y hasta podemos decir que le han suministrado casi la totalidad de su experiencia. En fin, venimos a que la lectura para Azorín es su más importante modalidad vital y que un estudio de su relación con ella, de su reacción ante ella, se convierte en un tema esencial para un conocimiento básico de su arte" [Inman Fox: 1988, 122]. Las estampas incluidas en sus obras mejor consideradas, como Los pueblos (1905), España (1909) o Castilla (1912) arrancan casi siempre de un clásico español. Pero recordemos también las numerosas notas y fuentes bibliográficas que acompañan sus primeros folletos de sociología y crítica literaria, o las extensas listas de fuentes que figuran después de cada capítulo de sus primeras obras. Son ciertamente innumerables las alusiones a obras literarias, libros históricos y geográficos, diccionarios o guías turísticas [Inman Fox: 1988, 123-124]. Pero la actitud estética de Azorín ante las letras y la historia de España no difiere en mucho de la de casi todos sus contemporáneos. Recordemos asimismo los numerosos episodios librescos que hay en las novelas de Baroja o Valle-Inclán, o la enorme erudición de Unamuno. La poesía del Cancionero está, en gran medida, inspirada en la lectura (se ha encontrado en Salamanca una quincena de poemas escritos cada uno en la solapa del libro que le inspiró a Unamuno). Y ésta, la lectura, es sin lugar a dudas un imperativo común a todos ellos [Bleiberg: 1962].

Noventayocho, decadentismo, desastre... son algunos de los términos, que, con voluntad de etiqueta crítica, se han repetido para tratar de definir una determinada época de la historia española tiñéndola de ciertos colores pesimistas. Sin embargo, las connotaciones negativas que implican las mencionadas etiquetas deben revisarse si se piensa que, con algunos de los hechos fundamentales del fin de siglo -algunos ya aludidos más arriba-, se estaba consolidando, de alguna manera, el futuro cultural y político de la España Moderna. No en vano para Maeztu el desastre o la guerra de Cuba traían aires de un nuevo movimiento que "algo hace esperar para mañana o pasado mañana". Estos nuevos tiempos, que augura el no siempre optimista Maeztu, van a ir acompañándose a todos los niveles de una frenética actividad ante la que algunos escritores, como el propio Maeztu, consiguen mantener la calma: "Ama la vida moderna, con su industria poderosa, sus grandes fábricas, sus enormes empresas comerciales; toda la agitación febril, todo el ruido, todas las emociones infinitas, complicadas, bruscas, sutiles, rudas, del trato humano de los tiempos. Y en medio del ensordecedor estruendo de ese gigantesco comercio, él, la pluma en la mano, las cuartillas delante, conserva una calma inalterable, una tranquilidad sajona, mezcla de altanería y desprecio..." [Azorín: 1900]. Esta desbordante actividad puede medirse en lo cultural por el desproporcionado volumen de libros que circularon, se escribieron o editaron en la España del fin de siglo. Las dimensiones del catálogo de alguna de las editoriales de la época, como es el caso de La España Moderna, contribuyen a romper viejos lugares comunes, al tiempo que pueden ayudar a una comprensión más objetiva de la cultura española.

Ortega ofreció, sin duda, algunos de los mejores caminos para poder analizar la España noventayochista. Los esfuerzos de Ortega se encaminaron a conformar las características de la cultura española, la cual debía adscribirse a un lugar y a una fecha. Por ello no es de extrañar que los libros de ese período delaten una cultura específica, una manera de mirar los hechos, que en el año 98 es fundamentalmente españolista: "Ortega había llegado a la conclusión de que la cultura ha de formarse adscrita a un lugar y una fecha; es decir, en el contexto de una perspectiva peculiar, de lo que tiene de limitación. Y de esta necesidad de buscar el sentido de lo que nos rodea -de nuestra circunstancia- arranca la preocupación orteguiana por definir una estética propiamente española" [Inman Fox: 1988, 379]. Así, con fecha y casi con sello de caducidad surgen en España lo que podrían llamarse los grandes temas o preocupaciones finiseculares, inundando las páginas de libros y revistas. Lecturas políticas, científicas, históricas o artísticas se vierten en avalancha en las revistas, a modo de recomendaciones para los lectores hasta el punto de conformar lo que debería ser el espíritu del hombre de 1898. Secciones de revistas de la época como la de "Libros recibidos" pretenden ser una guía de lectura sobre la actualidad más intelectual (el colectivismo de Costa o la religión de Tolstoi) o la más mundana (exposiciones universales, chascarrillos biográficos o comportamientos femeninos). La variedad es impresionante; se puede aprender hacer encaje de bolillos o convertirse en un marxista, otra cosa es que no se pueda tener acceso a las recomendaciones librescas, pero posibilidades, todas.

Sin embargo, poco a poco hay un intento de modernizar el libro, de que éste adquiera un carácter propio para que empiece a ocupar más lugar en las bibliotecas de los españoles. Y es que junto con las revistas, serán las editoriales las que, en la última década del XIX y en la primera del XX, contribuirán extraordinariamente a crear una atmósfera de europeísmo cultural, realizando una labor portentosa de traducciones e incorporaciones de títulos de la más diversa índole. La industria gráfica comienza a coger fuerza en Barcelona y se lanzan a la calle colecciones de libros como la "Diamante", se preparan bibliotecas como la de "Grandes Novelas" o se hacen intentos, como los de Maucci, por ofrecer un libro más barato. También las editoriales empiezan a dejar su faceta de artesanos del libro para especializarse -debido al alto número de volúmenes de libros que circulaban- en determinadas materias. Por ejemplo, la administración jurídica es la disciplina más editada por los Sucesores de Reus y Centro Góngora, de la medicina y de la ingeniería se encargan Bailly-Baillière y el libro de texto está controlado por Hernando y Cía... [Botrel: 1997]. A la mejor comercialización y adquisición de los libros contribuyó también el hecho de que el final del siglo español parece empeñado en difundir "cultura", y que mejor manera que a través de las colecciones y las bibliotecas. Éstas resultaban algo más baratas y difundieron muchos de los libros europeos y españoles más conocidos y representativos. Bibliotecas muy conocidas fueron La de Autores Españoles, La Clásica, La Universal en lo que a literatura corresponde, pero se organizaron también bibliotecas de Filosofía y Ciencias sociales como la "Científico-filosófica", la "Biblioteca de Filosofía y Sociología", la "Primera Biblioteca Española de Filosofía" [Botrel: 1997] o la importantísima "Biblioteca de Jurisprudencia, Filosofía e Historia" de La España Moderna.

Quizás ninguna empresa editorial alcanzó los logros de La España Moderna, con un catálogo asombroso para la época. Interesada sobre todo por los estudios de sociología, derecho, historia, o filosofía, muchos de los libros presentes en el catálogo de La España Moderna son manuales que pretenden contribuir a la reforma de la enseñanza universitaria española. Se trata de traducciones a las que acompañan prólogos y notas orientadoras: aquí está el origen de los famosos Literatura castellana y portuguesa de Wolf -traducido por Unamuno y prologado por Menéndez Pelayo- o de la Historia de economía política de Kell Ingram -traducido también por Unamuno-, entre tantos otros [Asún: 1981-1982, 143]. Son editadas por La España Moderna las obras más significativas de autores fundamentales de casi todas las ramas del pensamiento (Nietzsche, Schopenhauer, Ruskin, Amiel, Taine, Spencer, Tarde, Sombart, Wundt, Kropotkin, Carlyle, Emerson, Max Müler, Renan, Stirner, etc.), estrechamente ligados, muchos de ellos, al movimiento literario [Asún: 1981-1982, 147]. Daniel Jorro también realizó una excelente labor introductora, dando a conocer en España numerosas obras de filosofía con orientación moderna, así las Estéticas de Hegel o de Lips, etc. Bernardo Rodrígez Serra publica a la vez colecciones de novelas y libros de sociología; en su importante "Biblioteca de Filosofía y Sociología" aparecen traducciones de Schopenhauer, Nietzsche, Emerson, entre otros. Maucci publicó obras tan importantes como ¿Qué es el arte? de Tolstoi. La editorial barcelonesa Lizcano y Compañía publicó traducciones de Tolstoi, Gorki o Zola, pero también de Barbey d'Aurevilly o Eça de Queiroz [Díaz Plaja: 1979, 18-19]. En 1901, la editorial Sempere lanza una serie de libros populares que llegarán a convertirse en los evangelios de una cultura radical y popular que Valencia exportó a toda España y a América [Mainer: 1989, 63]. La “Biblioteca Sociológica Internacional”, que dirige en Barcelona Santiago Valentí Camp para el editor Henrich y Compañía, presenta obras de Anatole France, El siglo de los niños de Ellen Key o La esencia del cristianismo de Adolf von Harnack "tan leído y discutido en Alemania e Italia" [Mainer: 1989, 53]. Muchas otras editoriales se comprometieron en esa importantísima tarea cultural, y algunas, entre las que destacan Mundo latino, la editorial de Caro Raggio, las clásicas Ramón Sopena, o Fernando Fe, contribuyeron a abastecer un mercado que se ampliaba en esos momentos con las numerosas posibilidades que ofrecía la América española. Tampoco es casual el gran número de diccionarios y enciclopedias que aparecen por esos años y de los que da buena cuenta Botrel [1997], como el “Diccionario enciclopédico hispano-americano” o la “Enciclopedia universal ilustrada europeo- americana”.

Variedad, diversificación... estas características podría tener una biblioteca de 1898. La sorpresa de Alberich al encontrar en la biblioteca de Pío Baroja tal cantidad de libros no literarios puede entenderse con el panorama que más arriba se ha ofrecido; de la misma manera le "choca" que Baroja poseyera libros en francés debido a su reconocida galofobia, pero si se repasa la gran cantidad de libros de lectura clave publicados en francés y que se encontraban en España, esto deja de sorprender [Botrel: 1997]. Los libreros españoles de su tiempo importaban más libros impresos en el país vecino que en ninguna otra parte. Aunque en otro capítulo Botrel nos ofrece datos que demuestran un posterior relativo equilibrio entre la producción autóctona y la extranjera, en los catálogos editoriales.

Pero esta realidad que ofrece, aparentemente, un panorama prometedor para el libro y su lectura es si no mentirosa sí al menos parcial, sobre todo si se piensa que el acceso al libro es una tarea, con frecuencia, infructuosa. Los libros están, pero por diversos problemas (económicos y comerciales principalmente) la adquisición de éstos se convierte en un ejercicio de paciencia para el posible comprador. Quizá en el carácter complejo y diversificado de la realidad del 98 se hallen las claves para desentrañar los problemas que alrededor del libro se generaron. Los vertiginosos procesos de cambios y de gustos producen un vaivén constante, por ejemplo, de revistas que nacen en esos años y luego desaparecen (La España Moderna, Germinal, Revista Nueva...) pero que son una fuente inapreciable a la hora de valorar, no tanto quizá los libros que se leían, como los libros que podían encontrarse en el mercado. La mayor parte de estas revistas contenían una sección dedicada a reseñar libros de todo género, y una lectura rápida permitía hacerse una idea de las novedades que surgían día tras día del tema que interesaba. Y la variedad de tales temas ofrecía infinitas posibilidades: ciencia con todas sus disciplinas, las diferentes materias del arte, la historia, la filología, los múltiples temas políticos, almanaques, manuales, diccionarios, educación... y todo, en una misma página. En esas habituales secciones de reseñas aparecen, en ocasiones, críticas extensas y de un alto nivel; otras veces solamente se informa de la aparición de un nuevo libro. El hecho de que un libro fuera reseñado en una importante revista de la época es un dato significativo que muestra el cierto interés que ese libro pudo despertar en aquel momento, al menos en el autor de la reseña. Pero más significativo es todavía el hecho de que un mismo libro fuera reseñado al mismo tiempo por más de una revista. Por otro lado, en la crítica que el autor de la reseña hace del libro, sobre todo cuando éstas son extensas y están firmadas por un autor familiarizado con la materia, se expresa casi siempre la importancia que la aparición de dicho libro va a tener en el campo de investigación a la que pertenece o, en otros casos, en el panorama artístico español. No es de extrañar, por tanto, que existiera una escasa diferencia entre prensa y libro durante un determinado período: "no cabe duda de que la distinción entre libro y prensa periódica (revistas o diarios con sus suplementos literarios, secciones específicas, almanaques, números extraordinarios y sus folletines "a la antigua") resulta un tanto artificial" [Botrel: 1997].

A partir de estas reseñas se produce una rica relación de libros que podrían configurar una biblioteca ficticia para el fin de siglo:


Ciencia

Constituye uno de los apartados más significativos e importantes y es buena muestra de lo que sucede en otros apartados estudiados, que presentan una serie de problemas comunes como la difícil clasificación por materias de algunos de los volúmenes por contener un carácter misceláneo o general: Essai sur la classification des sciences, por Edmundo Goblot (París, Félix Alcan, editor, 1898) y en el que su reseñador aludía al carácter general de los estudios que el libro contenía: “¿Qué lugar corresponde a cada ciencia en la ciencia total? Tales son las cuestiones que el Sr. Goblot se ha propuesto estudiar. Los varios sistemas que estudia el autor comprenden: las matemáticas, mecánica, cosmología y psicología, sociología, con sus anexos, estética y moral” [Revista contemporánea, año XXIV, tomo CXII, 30 de diciembre 1898, pp. 660-669]; también los estudios globales que sobre la ciencia nos presenta J. Brouta en su libro, La ciencia moderna, sus tendencias y cuestiones con ella relacionadas. Por otra parte, la clara recuperación que la ciencia va a mostrar en los períodos centrales del XIX va a culminar a finales de siglo; esto lógicamente repercutirá en el mayor número de publicaciones y estudios de carácter científico con novedosos y marcados métodos experimentales.

La preocupación por España y su esencia, las causas de sus males, las posibles soluciones, el pasado y el destino histórico, etc., llenan las páginas de todos los escritores de la época. Pero no olvidemos que "[...] los regeneracionistas llenan sus libros de datos, estadísticas, observaciones, pues su política consiste en la aplicación de los descubrimientos de la ciencia positiva a los problemas nacionales" [Abellán: 1977, 10-11]. De ahí la importancia de una biblioteca científica especializada (economía, agricultura, sociología, psicología, etc.) por debajo de tanta literatura sobre los males de la patria.


Medicina

El avance científico que parece favorecer a España en los años centrales y finales del siglo XIX se hace patente en el ámbito de la medicina. Figuras como las de Ramón y Cajal encumbraron a España o por lo menos la pusieron a un nivel similar al de Europa, una Europa enganchada ya a un movimiento que regiría el mundo científico en el siglo anterior y en parte de éste, el movimiento positivista.

A través de la lectura de los libros recogidos se desprenden preferencias por determinados estudios como la preocupación manifiesta por disciplinas como la higiene y sus incidencias en la salud pública. La celebración en España del XIII Congreso Internacional de Medicina e Higiene en Madrid en 1903, a la par que demuestra el alto nivel que habían alcanzado las ciencias en España, fue un gran incentivo para recuperar publicaciones de años anteriores, no sólo de carácter médico (sirva como muestra éstas: J. Calleja, Discurso leído en la sesión inaugural del XI Congreso Internacional de Higiene. También Demografía. Congreso Internacional de higiene y Demografía. Indice de temas de Memorias presentadas), sino también de carácter informativo como guías sobre la ciudad, planos, etc. La celebración de estos congresos de carácter internacional sobre una materia como la higiene es una prueba más del interés español y europeo por una parte de la salud que había ido evolucionando acorde con la revolución industrial y con las gravísimas epidemias todavía existentes en el siglo XIX (no es de extrañar que muchos de los esfuerzos y estudios sanitarios se dedicaran a la investigación epidemológica), como demuestran algunos estudios, que a modo de guía, ofrecían un panorama de las prácticas preventorias e higiénicas a tomar en determinados países: F. Montaldo, Guía práctica, higiénica y médica del europeo en los países tórridos y el libro del mismo autor, Fernando Póo. Observaciones médicas e higiénicas.

La preocupación por la salubridad no fue exclusivamente médica ya que pronto se denuncia desde las ciudades y municipios la deplorable situación higiénica y sanitaria; libros y reseñas como los siguientes lo demuestran: La higiene municipal en algunas capitales secundarias de Europa (Turín, Burdeos, Génova, Marsella y Barcelona) del doctor Federico Montaldo (Madrid, 1898). El autor de este importante trabajo denuncia que no puede seguir ocultándose el deplorable estado en que se halla la higiene municipal de Madrid; o este otro sobre la situación de la higiene en la ciudad de San Sebastián, El saneamiento de San Sebastián de César Chicote que trata de las causas que influyen en el mantenimiento de la salud pública y los medios más adecuados para la higiene. Estos libros y reseñas activaron así, por su parte, una importante política sanitaria y un interés por mostrar al ciudadano los soportes más básicos y elementales de una vida higiénica: M. Mir y Navarro, Elementos de fisiología e higiene y S. Casas y Abad, Nociones de fisiología e higiene. La heterogeneidad de los estudios de la que dábamos cuenta al principio se reproduce aquí en libros que pretenden ejercer la labor de un tratado sociológico, dando cabida en sus páginas a la fisiología, a la higiene o a los comportamientos familiares: L. Sánchez de Castro, Familia y sociedad; estudios de fisiología e higiene doméstica y social. También la higiene en el mundo laboral surge a la par que las primeras conquistas de derechos laborales de los trabajadores, y son objeto de constante estudio como el libro de J. Suárez Puerta, realizado en el ámbito de la Facultad de Medicina de Madrid, Higiene de los niños trabajadores. Tesis del doctorado.

Junto a temas de tratamiento tan candentes como la José Luis Abellán [1977, 10-11] higiene aparecen estudios de un carácter más académico de las diferentes especialidades médicas, y claramente dirigidos a los profesionales del gremio: Anónimo, La neurastenia de Ots (Es un memorial premiado por la Academia de Medicina en 1896), o este otro del doctor Abartúa, en el que se hace hincapié, precisamente, sobre lo que apuntábamos del carácter especializado de estos libros, La forma permanente de la gastro-sucorrea o enfermedad de Reichman. Interesante para quienes se dedican a la medicina. El libro contiene garantía de utilidad e importancia por el aval de anteriores publicaciones del autor.

La proximidad e influencia de unas materias con otras complica y a la vez enriquece la clasificación de los libros recogidos; así es fácil hallar estudios en los que la medicina aparece relacionada con otras disciplinas como la veterinaria (Estudio comparativo y experimental y clínico de la viruela en el hombre y en los animales domésticos de Francisco Carbonell. Es un estudio de profundidad sobre las viruelas en hombres y animales y sus relaciones con las vacunas) o las relaciones históricas entre la medicina y la filosofía (M. de Guadalerzas, Historia crítica comparada de la Filosofía y la Medicina) e incluso las relaciones entre las enfermedades del alma y las corporales: Ensayo de una higiene de la inteligencia. Es una contribución al estudio de las relaciones que existen entre lo físico y lo moral del hombre, y manera de aprovechar estas relaciones en beneficio de su salud corpórea y mental, por el Dr. Nicasio Mariscal y García. Se examinan las enfermedades físicas y las morales, sus conexiones para establecer leyes y dar consejos. El libro se divide en cuatro partes: "Fisiología y psicología", "Nosología", "Etiología" y "Profilaxis", y se consideraba que podría convertirse en una obra clásica por la profundidad del tratamiento de sus temas. El libro se recomienda porque puede hacer mucho bien a una generación que era tachada de anémica, escasa de energías físicas y no muy sobrada de las intelectuales.

La moda de realización de compendios y enciclopedias llega también a la medicina, así es fácil encontrar libros que pretenden ser bien un estudio generalizado de las diferentes disciplinas médicas: A. Muñoz y V. Cebrián, Enciclopedia universal de progresos médicos y J. Giné y Partagás, Compendio de patología quirúrgica; o bien útiles manuales: A. Núñez García, A., Manual de patología. Primera parte. Enfermedades infecciosas. Los intentos divulgativos encuentran su cauce a través de los anuarios y de las recopilaciones de obras de médicos ilustres (G. Reboles y Campes, Anuario internacional de Medicina y Cirujía (Segunda serie. T. XXVII. Enero a Junio de 1898), C. Calleja, Compilación de la patología de Letamendi y las Obras del doctor don José Bernardo Couto. Tomo I. Opúsculos varios (México. Imprenta de V. Agüeros. “Biblioteca de Autores Mexicanos”, Vol. 13).

La investigación llevada a cabo en el ámbito universitario se refleja en la noticia de las tesis, de discursos y de conferencias ofrecidos en el marco de las facultades y de las academias: M. Iglesias y Carral, Oftalmoplegías. Tesis presentada en opción al grado de doctor; A. Espina y Capo y J.M. Mariani y Larrión, Discursos leídos en la Real Academia de Medicina, con el tema de los límites de la intervención médica en las cardiopatías; J.C. Coll y Bofill, Tesis para el Doctorado en Medicina y cirugía. Tiroidoterapia; R. García Duarte, De la gastro ectasia. Discursos leídos en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Granada, y la tesis de A. García, De la viruela y su tratamiento.

Disciplinas como la Cirugía, la Oftalmología o la Clínica médica dan buena cuenta de los niveles que había alcanzado la medicina. Sin duda a ello contribuyeron las novedades técnicas, los instrumentos y la profesionalización de determinadas materias junto a un mayor aumento en las publicaciones de estudios, algunos de ellos claves como el de Letamendi sobre anatomía, Prolegómenos de anatomía, o dentro de la Clínica médica los trabajos sobre la tuberculosis o la patología: P. Lozano y Ponce de León, La tuberculosis no se hereda ¿Se heredará la predisposición o la inmunidad? , Bartolomé Robert, Características de la patología humana en sus relaciones con la terapéutica. Para una completa visión de los estudios más importantes de las diferentes disciplinas médicas a finales del XIX y comienzos del XX véase el artículo de medicina incluido en esta enciclopedia.


Biología

El siglo de los grandes hallazgos científicos y geográficos deparó la creación de unas cuantas páginas a materias como la biología. La apertura de museos y de instituciones de carácter científico abrieron las puertas a numerosos estudios y teorías que culminarían con la teoría de la evolución de las especies de Darwin. Aunque en España los estudios se centraron más en la zoología (M. Graells, Fauna mastológica Ibérica. Memoria, tomo XVII de las Memorias de la Real Academia de las Ciencias exactas, físicas y naturales, y A. Navarrete, Manual de zootalasografía con descripción de los medios que se emplean para el estudio del mar) con disciplinas como la Malacología, Obras malacológicas, de. J. G. Hidalgo (Entregas 4 del texto y 2, 1/2 y 3 del atlas. Madrid, publicada por La Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales). Fue una obra ensalzada por su calidad y por ser superior a algunas publicadas en el extranjero. También en España junto a la zoología despertó interés la botánica (V. López Seoane, Bosquejo histórico de la Botánica Española).

Pero sin duda fue el Darwinismo y las secuelas que la teoría trajo lo que contribuyó a crear una prolongada polémica que todavía continuaría a comienzos del siglo. Libros como el de A. García Maceira, Exposición y examen del Darwinismo, o su artículo “Otro Darwinista” publicado en la Revista Contemporánea son una muestra de estas polémicas: “Fabre, paciente observador de las costumbres y de los instintos de los insectos, en su última obra Nouveau souvenirs entomologiques, ha incurrido también, como yo, en herejía, para algunos naturalistas españoles, diciendo que la hipótesis de Darwin no explica muchísimos hechos, siendo, como consecuencia, una concepción estrecha, deficiente e insostenible. En su obra, que es analizada en este artículo, Fabre rechaza la teoría moderna del instinto” [Revista Contemporánea, año XXIV, tomo CIX, 30 de enero 1898].

A parte de la polémica el darwinismo encauzó una serie de estudios que fueron reminiscencias de la teoría evolutiva, como el papel que ésta desempeña en la herencia: Evolution individuelle et héredité. Teoría de la variación cuantitativa, de Félix Le Dantec (París, Félix Alcan, 1898) y perteneciente a la "Biblioteca Científica Internacional". La publicación de este libro está motivada por el hecho de que desde la revolución producida por el darwinismo son muchos los que conceden gran importancia al papel que desempeña la herencia. Aunque, bien es cierto, ésta se aborda teóricamente, pero no se explica como puede operar. Estos son los estudios lo que ha pretendido mostrar el zoólogo Dantec. También se pone de relieve la importancia que la teoría de Darwin tuvo en los estudios sobre la formación y evolución de los embriones, como en L’anatomie comparée des animaux basée sur l’embryologie, por Luis Roule, quien pretende demostrar el enlace continuo de las formas de la naturaleza e imponer, como consecuencia inmediata, la noción de la evolución. Para el reseñador del libro es una obra capital de la época.

No se abandonan tampoco los estudios de carácter más general sobre las ciencias naturales, éstos tocan disciplinas muy cercanas a la biología como la antropología o la medicina, Historia Natural (Elementos) con nociones de Anatomía y Fisiología humana, por el P. Fidel Faulín Ugarte (Madrid, 1898). Es un libro de texto, un compendio de historia natural, ya que todas las ramas de esta ciencia adquirieron en los últimos años un desenvolvimiento asombroso; S. Ramón y Cajal y J. Calleja Sánchez, Discursos leídos ante la Real Academia de ciencias exactas, físicas y naturales con el tema: Fundamentos racionales y condiciones técnicas de la investigación biológica y Estudios biológicos, por el P. Zacarías Martínez Núñez (Prólogo del doctor Peña. Madrid, Sáenz de Jubera, hermanos, 1898). Sobre la cual el reseñador opina lo siguiente: “Concienzuda obra en que estudia el autor sucesivamente la Ciencia y el libre pensamiento, la Fisiología celular, la Antropología y el tranformismo. Únense en el autor los conocimientos filosóficos con el cabal dominio de las ciencias naturales. El sabio agustiniano no sólo difunde la ciencia biológica en nuestro país, en el que tanto escasean los que se dedican a este difícil ramo, sino que presta un servicio de valor imponderable a la Iglesia al disipar las nubes que en la fe han hecho aparecer algunos autores, más cuidadosos de llamar la atención por lo raro y atrevido de sus ideas que de fundamentarlas en bases seguras y verdaderas” [Revista Contemporánea, año XXIV, tomo CX, 15 de abril, 1898, pp. 109-110]. Pero también la biología comparte páginas con otras disciplinas de carácter diferente como la filosofía: Z. Martínez Núñez, Ciencia y filosofía. Estudios biológicos.


Ciencias exactas

Siguen traduciéndose obras, sobre todo del francés, como las del conocido matemático Evariste Galois (Ouvres mathématiques d'Evariste Galois, con una introducción de M. Emile Picard. París, Gauthier Villars et fils, 1897), muy enfocadas hacia la enseñanza de las ciencias exactas, la resolución de ecuaciones o para evitar los errores de los cálculos numéricos, como esta traducción libre de la obra de A. Cauchy, de Antonio Tarazona y Blanch, Traducción libre de la Aritmética decimal de A. Cauchy (Valencia, imprenta de M. Alufre, 1896). Fue considerado un libro ameno e interesantísimo y de lo más notable que respecto de la ciencia matemática se había publicado en España desde hacía bastante tiempo. Se refiere a los medios de evitar los errores de los cálculos numéricos y a comprobar y simplificar las diversas operaciones aritméticas, poniéndolo a un alcance elemental. Lo mismo puede decirse del libro del francés M. F. Vallés, Tratado elemental de aritmética. Errores en los libros de matemáticas. Traducción de D. Eduardo Benot (Segunda edición. Madrid, Núñez), que además aspira a ser también un estudio filosófico sobre la ciencia del cálculo. Éste parece ser el objetivo de muchos de los manuales y libros sobre matemáticas y geometría, el de solucionar los problemas a los alumnos, como este Compendio de Aritmética de Manuel Antonio Rueda que es un manual de educación matemática para las escuelas hispano-americanas, en el que, de forma clara y concreta, están expuestas las principales operaciones de la aritmética. El mismo objetivo cumplen el de R. Bajo e Ibáñez, Extracto del compendio de aritmética y el de A. Morey y Amengal, Tratado elemental de Aritmética.

El denominador común en estos libros es sin duda el carácter eminentemente práctico que también se refleja en los muchos tratados de geometría aplicados al dibujo (como el de M.G. Enciso, Tratado de Geometría práctica y aplicaciones del dibujo lineal) que circularon por las librerías españolas de fin de siglo. También se encuentra tratados de carácter general como la Geometría elemental de Leandro de San Germán (Barcelona, 1898), y el de J. Fola Igúrbide, La nueva ciencia geométrica, el excelente libro de J.M. Bartrina y Capella en el que se mezclan geometría y trigonometría, Elementos de geometría pura y de trigonometría rectilínea (Primera edición. Barcelona, 1898), o los estudios sobre las diferentes geometrías como el de E. Torroja, Tratado de geometría de la posición y sus aplicaciones a la geometría de la medida y el de F. Ferrer de Pertegás, Elementos de geometría plana y descriptiva y nociones de dibujo con aplicación a las labores de la maestra.

La forma más efectiva de propagar los conocimientos y los estudios que se hicieron en la España de fin de siglo siguen siendo publicaciones como las emprendidas por la casa de Miguel Soler sobre Química. Suelen ser materiales provenientes de revistas extranjeras de ahí la utilísima publicación emprendida por la casa Soler: Química biológica aplicada a la higiene y a la patología humana; libro que recorre esferas muy amplias y afecta a la vida de los órganos vivientes, a la Medicina legal, al Derecho y a la Antropología. Siguen llegando amplias novedades del extranjero, como el libro de E. Aries, Thermodynamique des systèmes homogène (París, Gauthier-Villars et fils, editores). Es un estudio sobre los gases que para la época ofrecía gran actualidad ya que permitía conocer los primeros adelantos sobre una ciencia nueva denominada Mecánica química.

Sin duda las ciencias más prácticas como la física con estudios sobre los rayos X (Bellido y J.M. Carbayo, Los rayos X y la Física Moderna) o los fenómenos físicos de la óptica y la acústica (Leçons élémentaires d'Acoustique et d'Optique, de C. Fabry. París, Gauthier-Villars et fils, editores, 1898) fueron las materias más habituales en los manuales. Se intenta que los libros tengan un gran componente de utilidad, como este Diccionario práctico de electricidad de T. O'Conor Sloane que es una colección de términos y expresiones que se emplean en electricidad teórica y aplicada (Segunda edición corregida y aumentada. Traducido del inglés por D. José Pla. Madrid, librería-editorial de Bailly-Bailière e hijos, 1898) o bien que tengan un carácter divulgativo como el que ofrecen los anuarios (R. Orial, Anuario de la minería) o las colecciones de enciclopedias como la Encyclopédie scientifique des Aide-Memoire con trabajos como los de Minet, Théories de l'Electrolyse (París, Gauthier-Villars et fils, editores) o la Nueva biblioteca de electricidad engrandecida con los trabajos de T. O'Conor Sloane difundios por la prestigiosa librería editorial de Bailly-Bailliere y traducidos por José Pla (La electricidad simplificada y Aritmética de la electricidad).

Muchas materias científicas como la astronomía se analizan desde perspectivas más escolares como la Descripción de la esfera celeste e instrucción para el uso del mapa del cielo de Antonio Torres y Tirado. Libro que cuenta la construcción por parte de Torres de un planisferio llamado "Mapa del Cielo", así como la aclaración de su uso y las prácticas escolares que pueden hacerse con él. También sigue primando la utilidad de los estudios, como las Fotografías del cel de Joseph Comás y Solá, que trata de los métodos fotográficos empleados para obtener imágenes astronómicas. Estos siguen compartiendo espacio con libros más teóricos como la Nueva teoría de las imaginarias en el espacio, del conocido astrónomo Ramón Escandón, o las lecciones de A. Tudela y Tafalla, Lecciones de astronomía esférica.


Ciencias ocultas

Frente al mundo científico que parece dominar el fin de siglo surge el gusto por lo exótico, lo extraño y, como no, por tendencias como el ocultismo que pronto adquieren la categoría de ciencias ocultas, aunque ante ciertos fenómenos se intenta establecer una barrera entre lo que puede ser una investigación científica o un simple proceso ocultista como el libro del francés Padre María-Tomás Coconnier, El hipnotismo franco, traducido al castellano por el P. Jenaro Buitrago (Toledo, 1898), donde trata de demostrar que el hipnotismo no tiene nada que ver con el espiritismo, el ocultismo ni la telepatía.

Revistas como Sofía son las encargadas de propagar los últimos hallazgos del universo oculto y crean figuras tan emblemáticas como la de Madame Blavatsky precursora de la teosofía en España, un movimiento que iba creciendo en toda Europa, como demuestra la publicación del resumen de la Convención Teosófica celebrada en Londres, The Theosophical Society-European Section-Eighth annual Convention (1898), donde se señala que la Sociedad Teosófica sigue propagándose más y más en toda Europa. Este mismo interés lleva a la traducción del Cuestionario Teosófico Elemental, de D.A. Cournes, versión castellana, por Lobnor (Buenos Aires, 1898). La literatura teosófica en castellano se enriqueció con esta traducción de la obra que publicó en francés el director en París de la revista teosófica El Lotus Bleu. También se recomienda la lectura de El Zoroastrianismo a la luz de la Teosofía: interesante colección de artículos escogidos entre la literatura teosófica y compilado por F. Nasarvanji (Bilimoria, Bombay). Ofrece además un interesante estudio comparado de las religiones; también interesante para el mundo teosófico fue la publicación de las conferencias de Antonia Martínez Royo fundadora de La Rama Argentina Luz, libro nutrido de doctrina teosófica.


Antropología

Si la conexión entre las diferentes disciplinas científicas, a las que venimos aludiendo, provoca dificultades en las clasificaciones a veces insalvables, en materias como la antropología parece acentuarse más. Ésta, que a finales del siglo pasado presentaba uno de los balances más ricos en publicaciones, reunía en su haber otras muchas disciplinas como la Antropología criminal y filosófica, la Etnografía y Sociología, y la Prehistoria y Protohistorias ibéricas, e incluso, aunque en menor medida la Lingüística y la Filología. De esta enumeración quedaban excluidas las obras de sociología meramente filosóficas o jurídicas, las de lingüística que tocan los límites de la gramática y literatura, y las de historia clásica, o desde la dominación romana en adelante. Pero también las conexiones con la medicina fueron grandes, sobre todo a través de disciplinas como la histología que cultivó con fervor una de las figuras más emblemáticas de la medicina española, Ramón y Cajal. El análisis de la realidad humana disparó el número de estudios sobre el sistema nervioso y se avanzó en nuevas ideas, como refleja el Dr. Manuel Márquez en su libro Nuevas aplicaciones de las nuevas ideas sobre la estructura del sistema nervioso.

Sin embargo se siguen ofreciendo estudios generales sobre la antropología más clásica: I. Mateos Salvador, Apuntes antropológicos en la “Biblioteca del Guardia Civil” y Les races et les nationalités en Autriche-Hongrie, por Bertrand Auerbach (París, Félix Alcan, editor, 1898). La cuestión de las razas y de las nacionalidades en Austria-Hungría es de interés europeo. Se plantea el problema en este trabajo de ¿por qué ese choque furioso de unos pueblos con otros? El autor interroga los hechos primitivos y esenciales: los caracteres antropológicos, el idioma, el modo de colonización, la influencia del medio geográfico, etc. Y se sigue informando periódicamente de la bibliografía existente en el mercado: Anuarios de bibliografía antropológica de España y Portugal (1896 y 1897) , por Luis de Hoyos Sáinz, (Madrid, 1898); Bibliografía de antropología-prehistórica-ibérica, de Puig Larraz, o Programa razonado de antropología del profesor Antón. También de etnografía y sus ciencias afines aparecen trabajos, como El carro chillón del Norte de España, publicado en alemán por el Aranzadé, y traducido luego al castellano, o el trabajo de Garofalo, que es un erudito sobre los celtas en la Península ibérica, y el curioso estudio del profesor ruso Loutchitzki, La comunidad agrícola en los Pirineos.

En la rama de la lingüística y la epigrafía prerromana aparecen en 1897 varios trabajos -aunque aparecen reseñados en 1889- especialmente acerca del vasco, así: Campión, La lengua vascongada o los nuevos estudios del iberista Hübner recogidos en su libro, El antiguo idioma ibérico. De Prehistoria destacan los estudios de Mélida, con sus Seis ídolos ibéricos. De prehistoria regional son numerosísimas las publicaciones; en Galicia ha dado a conocer Puig Larraz, Inscripciones ibéricas. Del País Vasco y acerca de su organización y costumbres, se ocupa el ex Ministro Fabié. Acerca de esta región son muy estimables los artículos de Campión, Celtas, íberos y vascos, que forman un extenso trabajo dividido en prehistoria y etnología histórica. Andalucía ha dado motivo a unas Notas arqueológicas de Carmona, del Bonsor, y un trabajo del señor Rodríguez de Berlanga sobre una Inscripción ibérica en Puente Genil. De Castilla se cita una noticia del P. Hita acerca de la Cerámica de Ciempozuelos. En la región de Valencia, Murcia y Baleares, destacan los trabajos: los Primitivos habitantes de Lorca, por un joven investigador, el Sr. Gabaldón; los primeros datos del Busto ante-romano de Elche del Sr. Mélida; los estudios de Mortalidad comparada de los siglos XVII y XIX en Mahón, de Fajarnés, y la noticia de Antón sobre dos cráneos descubiertos en la cueva de Enguera. En Cataluña Alesius ha dado a conocer varios Descubrimientos prehistóricos en el Ampurdán; el señor Font y Sagué publica un notable y concienzudo Catálogo espeleológico de Catañula; el presbítero Sr. Segura ha descubierto y descrito sepulturas prehistóricas en Tarragona y Gerona; y el Diputado Sr. Rahola publicó el Movimiento de la población de Cataluña, en el septenio de 1886-92.

Portugal sostiene un activo estudio de prehistoria y arqueología principalmente, a través de una revista recién fundada, O Archeologo Portugués y de libros como el de Luis de Hoyos, L'Anthropologie et la préhistorie en Espagne et en Portugal en 1897 (Masson et C.ª, editores, 1898). También las colonias españolas sirvieron como motivo a varios trabajos sobre sus antiguas civilizaciones: N. Sentenach, Ensayo sobre la América precolombina, y J. T. Medina, Los conchales de Las Cruces. Nuevos materiales para el estudio del hombre prehistórico en Chile (Chile, 1898). Se publican trabajos como este de Arráez sobre Antropología criminal acerca de la Oreja en los delincuentes andaluces, y de la colaboración de este mismo autor con el doctor Peláez salió a la luz un folleto sobre los Estigmas de degeneración, con carácter muy sintético.


Sociología

Las inquietudes de los españoles en el fin de siglo por las evoluciones científicas se muestran también en las preocupaciones por los problemas sociales. El mercado del libro se inunda de estudios que hablan de la ciencia sociológica desde múltiples vertientes. Teorizaciones sociológicas y cuestiones sociales puntuales como el feminismo, el abandono de los niños o la familia comparten páginas en libros, tanto de procedencia nacional como, en la mayoría de las veces, extranjera. Se traducen a autores de reconocido prestigio, pero también, toda obra que aborde un problema social, trate de anarquismo o propugne la reforma de la sociedad [Tobío: 1957, 347-363]. Sin duda a este numeroso mercado contribuyó el hecho de que un nutrido grupo de obras de carácter sociológico se publicaron a través de colecciones como Ciencia y Acción, Nueva Biblioteca de Ciencias Sociológicas o la colección que la revista La España Moderna lanza al mercado.

El tratamiento, quizá manido, de la cuestión social va a presentar múltiples factores como: la recuperación de una estructura social “y organizativa (familia, entes locales, organización gremial, "democracia" y colectivismo rural) a la que se atribuía la antigua grandeza de España, antes de que la dinastía austríaca emprendiese el sueño de su aventura imperial, en que una y otra iban a perecer, o antes de que el liberalismo las "corrompiese" con su falsa idea de libertad” [Villacorta Baños: 1980, 96]. No es de extrañar, por tanto, que una obra como la de Joaquín Costa, Colectivismo agrario en España, fuera considerada como una de las más notables de los últimos tiempos, por haber desenterrrado -según su reseñador-, “las doctrinas de 20 autores desconocidos y haber hecho una obra con sentido histórico, escrupulosidad en las fuentes y un estilo elegante” [Ilustración española, tomo I, capítulo I, p. 20]. Los problemas de la vida en familia constituyen el tema de libros como el de L. Sánchez de Castro, Estudios de fisiología e higiene doméstica y social, considerado imprescindible para todos por su indiscutible conveniencia, o Familledans les diverses sociétés, por C. N. Starcke (París, V. Giard et E. Brière, editores, 1899), que además de distinguir entre familias germánicas y latinas, pretende ser un tratado de la vida familiar moderna en Europa.

La fiebre por solucionar los problemas sociales de la humanidad se encauza desde muy diferentes puntos. Uno de los más principales fue la Economía sociológica; nombres como los de Achille Loria -conocido en España a través de sus publicaciones en la Revista de Derecho y Sociología, y en el Boletín de la ILE- aparece reseñado en importantes revistas del 98 con obras como Problèmes Sociaux contemporains (París, Giard et Brière). El libro es un intento por demostrar que en el fondo de los problemas que agitan a la humanidad palpita la economía; el mundo sociológico reposa sobre el elemento económico. La doctrina de Loria oscila entre el marxismo moderno y el clasicismo de la Economía. Su libro refleja cuestiones que preocupan al mundo, pero el libro tiene sus defectos: “desdeña lo metafísico hasta un punto inadmisible, y da a lo económico una importancia sobre toda ponderación"[La España Moderna, número 110, febrero, 1898]. Y también La proprietá fondiaria e la Questiones Sociale (Verona-Padua, 1987) que es una reunión de varios de los artículos de Loria, pero referentes todos a asuntos muy importantes de la Sociología en su relación con la Economía.

También dentro de la preocupación por los problemas sociales, la infancia ocupa un lugar importante. Libros sobre los niños abandonados como el de Constantino Bernardo de Quirós, Congrès International pour l'étude des questions relatives au Patronage des condamnés, des enfants moralement abandonnés et des alienés; o la labor de ciertas instituciones como la Obra del Valle de Pompeya, fundada en 1892 por Bartolo Longo, y dedicada a recoger y educar a los hijos de los presos, de la que se habla en dos libros: L' opera di Valle di Pompei e la riforma morale dei Carcerati (2º ed., 1987) y Quattro discorsi, de Bartolo Longo, F.E. Parlati, P.B. Casoli y G. Tomolo (Valle di Pompei, 1897).

La misma preocupación social manifestada por el mundo infantil, se muestra también por el mundo femenino. Las mujeres y su universo generaron estudios que fluctúan entre las frívolas confesiones de tocador y la educación o los derechos femeninos. El feminismo en sí sirve también de marco de discusión teórica por tratarse de un tema de actualidad, como la obra de Kaethe Schirmachen, Le feminisme (París, Armand Colin y Compañía, editores 1898) publicada, precisamente, en la colección Questions du temp present. Este libro es una exposición enciclopédica del problema, ofrece las noticias más importantes acerca del movimiento feminista en los Estados Unidos, en Francia, Gran Bretaña, en Suecia y en Rusia. Aunque también es cierto -como denuncia el reseñador- que este tema está muy olvidado en el marco nacional: “Pocos síntomas se pretendían presentar de atraso de nuestro pueblo, y del apartamiento que vivimos con respecto al resto del mundo culto, que esta indiferencia, quizá desprecio, con que se tratan, las cuestiones que entraña el llamado feminismo” [La España Moderna, número 120, diciembre de 1898, pp. 194-5]. Aún así, sí existen publicaciones y artículos en los que se trata de la condición de la mujer española, desde varios aspectos como el de E. Rodríguez y Solís, La mujer española y americana. (Su esclavitud, sus luchas y dolores) y también de la mujer como objeto de estudio histórico: La mujer en la Historia, de José Ignacio Valenti (Palma de Mallorca). Es una producción interesante en la cual nos habla el autor de la mujer pagana, hebrea y cristiana en general. Pero también se trata especialmente de la mujer española en las diferentes épocas.

Por otra parte, títulos tan sugerentes como Verdades dulces y amargas de María del Pilar Sinués, pretenden ser un compendio de temas variadísimos que reflejan pasiones, anécdotas o estudios comparativos sobre la mujer española, americana, inglesa y francesa, lo mismo pude decirse del libro de Concepción Gimeno, En el salón y el tocador, o del de J. Codina, La niña cortés o lecciones de urbanidad. La educación femenina es abordada también desde facetas muy diversas. Se pueden hallar estudios sobre la educación desde una inclinación muy tradicional, que aboga por una enseñanza de la mujer como ama de casa como el libro de la Vizcondesa de Barrantes: Plan nuevo de educación completa para una señorita al salir del colegio, que no es otra cosa que un folleto para mejorar el hogar doméstico a través de una buena educación; o, por el contrario, libros que son una denuncia contra la mala educación femenina: Le rôle social de la femme. (Deberes, derechos y educación) de Ana Lamperiere (París, Félix Alcan, editor, 1898).

En la misma línea reivindicativa de los derechos de la mujer está el libro de la conocida feminista Louis Frank, La Femme-Avocat. En cause de Mlle. Joanne Chauvin, (París, V. Guiard y E. Briere, 1898). El libro reseñado alude al caso de la señorita Chauvin, referido por casi toda la prensa. En él se defiende el derecho que la mujer tiene a que desaparezcan todos los obstáculos que se oponen a la libre manifestación de sus actividades y tendencias.

Los estudios en los que la faceta de la denuncia social es un componente primordial comparten protagonismo con aquellos en los que se refleja otra sociología mucho más especulativa y de menos carácter divulgativo en la que se abordan cuestiones como el bien colectivo, el mal, la religión o la política sociológica, como el estudio de E. de Roberty sobre el crimen y el progreso, L 'Éthique. Les fondements de l'Éthique (París, Félix Alcan, editor, 1898). Tercer ensayo sobre la moral considerada como sociología elemental. La aplicación de los fundamentos teóricos sociales sirve de reflexión a otro conocido sociólogo del que se tradujeron varias obras en España, Luis Gumplowiez, con su libro Sociologie et politique (Prólogo de René Worms. Publicado en el Vol. XII de la “Bibliotheque Sociologique Internationale”. París, Giard y Brière, 1989). El libro constituye una erudita y original serie de investigaciones acerca de los problemas doctrinales de la sociología y de las cuestiones que suscita la práctica aplicación de las concepciones sociológicas.

También surgen publicaciones que pretenden dar a conocer los estudios sociológicos realizados en un año como: L'Année sociologique (París, Félix Alcan, editor, 1898). El objetivo principal de estos trabajos es buscar en los trabajos históricos, etnográficos y estadísticos que se publican cada año lo que puede interesar al sociólogo, tanto hechos como ideas, haciendo ver las consecuencias sociológicas que de ellos se desprenden, lo que no impide el que además se presente anualmente un cuadro del estado en que se halla la sociología general con una abundante bibliografía. Al mismo carácter corresponden los Annales de l'Institut international de Sociologie, publicados bajo la dirección de Renato Worms (Tomo IV, que contienen los trabajos del tercer Congreso, celebrado en París en julio de 1897. París, V. Giard et E. Brière, libreros, editores, 1898). El punto más debatido en este congreso fue la teoría orgánica de las sociedades. Colaboran en los Anales escritores conocidos de diferentes países que exponen su parecer sobre graves problemas contemporáneos. En esta línea de conexión e interferencia de la sociología con otras disciplinas se halla el trabajo de M.A. Vaccaro, Les bases sociologiques du droit et de E'tat. Es un volumen de la “Biblioteca sociológica internacional” (París, Giard et Brière, 1898). La obra comprende en síntesis una nueva explicación de la sociología. Se censura expresamente la aplicación precipitada que tantos sociólogos han hecho de ciertas leyes biológicas a los hechos sociales. Lo más personal de su tesis es que la ley fundamental a que obedecen todos los fenómenos que caracterizan la vida y el desenvolvimiento social humano, es la adaptación. También el de Novicow, Coscienza e volontà sociali (Versión italiana del doctor G. Capponi Trenca. Palermo, Remo Sandron, editor, 1898). Este libro de la “Biblioteca di Scienze sociali e politiche” preside un pensamiento fundamental: la demostración de que las sociedades actuales se hallan todavía en su infancia, cultivando así un aspecto nuevo de la sociología: el aspecto psicológico. El derecho como una fuente para las leyes que rigen la sociedad es abordado en el libro de G. Trade, Les Lois sociales. Esquisse d'une sociologie (París, Félix Alcan, 1898).


Psicología

Esta disciplina frecuentemente aparece unida, en los libros que han sido objeto de estudio, a otras como la lógica y la ética. Varios estudios las presentan como materias indisolubles que necesitan un tratamiento por igual, como: Elementos de Psicología, Lógica y Filosofía moral, por D. Miguel Rodríguez Juan (Guadalajara, imprenta de la Diputación Provincial, 1898). Libro muy útil para conocer el estado actual de la ciencia psicológica, y el de B. Beato, Elementos de Psicología, Lógica y Ética.

Junto a estos estudios de carácter más general aparecen tratados asuntos muy particulares desde un punto de vista psicológico como la infancia, tratando de ofrecer a través de cuadros instructivos y descripciones psicológicas una luz que ilumine la oscura conciencia del niño, como en Études sur l'enfance, por James Sully. Traducido del inglés por A. Monod y con un prefacio de G. Compayré (París, Félix Alcan, editor, 1898); o el tratamiento psicológico que se hace sobre el amor A. Ventura, El amor. Ensayo de un análisis psicológico, o problemas puntuales como el sueño, recogidos por Gastón Poix en El sueño y su higiene. Estudio fisiológico. Se pretende con el libro avanzar en la idea de que el sueño es una ley de naturaleza, un fenómeno lógico, cuyo estudio puede emprenderse diariamente sin emplear medios artificiales que provoquen su aparición. A pesar de ello, se reconoce que en los últimos tiempos varios trabajos importantes han contribuido a traer alguna luz acerca de esta cuestión como el del Dr. Ch. Pupin, Le Neurone et les hypothesess histologiques sur son mode de fonctionnement (París, 1896); y María de Manacéine, Le Sommeil (1896), reciente obra traducida del ruso por Jaubet; también la timidez y sus secuelas merecen interés a los estudios psicológicos, La timidité. Estudio psicológico y moral, de L. Dugas. París, Fèlix Alcan, 1898. Es un estudio psicológico de este fenómeno tan generalizado, pero abordado también desde el punto de vista moral; se pone además especial interés en el mundo de la voluntad y de la memoria a través de estudios sobre las neurosis y las ideas fijas (Neiroses et idées fixes del Dr. Pedro Janet. Tomo I. París, Félix Alcán, editor, 1898). Son estudios experimentales sobre las alteraciones de la voluntad, de la atención y de la memoria, sobre las emociones, obsesiones y su tratamiento). También el genio despertará un gran interés dentro de la psicología de fin de siglo, convirtiéndose en uno de los problemas más debatidos no sólo por los científicos, sino también por los artistas; igual los antropólogos, psicólogos y sociólogos que los historiadores, literatos y pedagogos. Un buen ejemplo es Le creature soverane, de Adolfo Padovan (Milano, Ulrico Hoepli, 1898). Este libro viene a aumentar el número de volúmenes relativos al estudio de los grandes hombres, de los genios, héroes, superhombres, criaturas soberanas. Se estudia el tema de los hombres de genio desde un punto de vista biográfico-psicológico, con un detenido examen de las obras de los grandes hombres, de sus autobiografías y memorias, y sobre todo de sus epistolarios. También habla el libro de lo que serán en el porvenir la ciencia y las aplicaciones, el arte, las lenguas, la organización social, mostrando gran confianza en el progreso mediante el adelantamiento científico. Sin embargo, se hace referencia a que ese mismo adelantamiento hará que la aparición de criaturas superiores que se eleven mucho sobre el nivel medio de los hombres, sea cada día más difícil. También en el libro de S.J. Carner, El genio y el arte, se aborda el genio con relación a las cualidades artísticas.


Educación

En el apartado de sociología destacábamos el afán existente en fin de siglo por erradicar los males de la sociedad y por la preocupación hacia las cuestiones sociales. No es de extrañar, por tanto, que la educación, bien como disciplina sobre la que teorizar o bien como preocupación real, sea punto de referencia tanto para educadores como para políticos de estos años finales del siglo XIX. Que fue un punto sobre el que el gobierno mantuvo reflexiones, no cabe la menor duda. En un país donde la palabra Regeneracionismo es traída una y otra vez, es fácil pensar que se aplicara también a la enseñanza, y libros como el de E. Gómez de Baquero lo atestiguan: Un discurso universitario; ¿Qué puede hacer la Universidad para contribuir a la reforma interior de la nación y a la restauración de su crédito ante los extranjeros?; Peligros de la tendencia retrospectiva; Necesidad de "modernizarnos”. Es una serie de discursos leídos por Altamira sobre el papel que puede o debe realizar la Universidad en la reforma del país. Y sin duda una manera para lograr esa revolución de España es la instrucción del pueblo, que en estos momentos contaba con un índice alto de analfabetización, y a años luz del resto de Europa, de ahí que se haga insistencia en libros como el de Labra, reseñado en varias revistas, Medios prácticos para fomentar la instrucción de las masas populares (León, 1898), o se analicen los problemas educacionales desde perspectivas políticas como en El problema político-pedagógico en España del mismo Labra.

Estas mismas preocupaciones se traslucen a través de los estudios sobre el estado general de la educación en nuestro país, sobre las escuelas y universidades y también las comparaciones con el resto de Europa como recoge Paul Melou en su libro, L'enseignement supérieur en Espagne (París, Armand Colin y C., editores). Al mismo interés responde el de Luis Rivas y Ruiz que, con el mismo título: La enseñanza superior en España, hace un intento por centrarse en los problemas de algunas Facultades, sobre todo la de Teología y Letras, y propone una reforma para que la Facultad recupere la importancia perdida. A un intento de información responde también el libro de Marcelino Oca, Las carreras científicas, literarias y artísticas de España (Madrid, librería de Fernado Fe) con el que el autor pretende ofrecer aquellas noticias que puedan interesar a quienes emprendan carreras de esos tipos.

Metodología, pedagogía son palabras que empiezan a aparecer ya en los libros de fin de siglo. Se es consciente de que para el aprendizaje, para la educación, la ayuda a través de métodos es fundamental. Se recomiendan métodos para el aprendizaje de idiomas o se efectúan ensayos sobre la ordenación del estudio, las lecturas que deben elegirse o cómo estudiar lo elegido como éste de J. Daniel Infante, ¿Qué debe leerse? , o el de F. Navarro y Ledesma, Lecturas literarias: ensayo de un libro para los alumnos de literatura preceptiva. Otros, sin embargo, van dirigidos a los propios pedagogos o son tratados teóricos sobre la propia pedagogía. Al primero corresponde esta Educación indirecta de Anselmo Salvá (Burgos, Hijos de Santiago Rodríguez, 1898) escrito con arreglo a los últimos adelantos de la pedagogía. Las Monografías de ciencia pedagógicas. Tomo I, de G. Rodríguez García o L’Enseignement intégrale de Alejo Bertrand (“Biblioteca de Filosofía contemporánea”. París, F. Alcan, 1898) que son puras teorizaciones sobre este tipo de enseñanza. En el último de los ejemplos su autor defiende así lo que él cree que es la enseñanza integral: "un desenvolvimiento metódico de todas las facultades del espíritu, mediante la universalidad de las ciencias" [La España Moderna, año 10, núm. 116, agosto 1898].


Historia

A pesar de que, según Lloréns, la historiografía que pudiera ser considerada seriamente como tal, apenas existe en esta época en España [Ciplijauskaité: 1981, 28], no puede negarse que se asiste a un renovado y especial interés por la historia. Interés al que de ningún modo son ajenos nuestros escritores de fin de siglo. «La Historia -dijo Azorín, refiriéndose a todos ellos- nos tenía captados. Nos diéramos cuenta de ello o no nos diéramos. [...] En cuanto a mí, el tiempo en concreto, es decir, la Historia, me ha servido de trampolín para saltar al tiempo en abstracto. La generación de 1898 es una generación histórica» [Azorín: 1948, 229] [Ciplijauskaité: 1981, 25-28]. En la biblioteca de un novelista como Baroja, las obras de historia ocupan una parte importantísima, con más de 1500 volúmenes, entre los que se encuentran casi todos los grandes historiadores del siglo pasado [Alberich: 1966, 52]. No en vano, recuérdese el renovado interés por las guerras carlistas entre autores tan dispares como Baroja, Unamuno o Valle-Inclán, así como el resurgimiento de la novela histórica desde finales del siglo XIX; un resurgimiento, por otra parte, motivado principalmente por la circunstancia histórica y social antes que por consideraciones puramente estéticas.

El presente problemático empuja a investigar las causas de la decadencia y se vuelve los ojos hacia la historia. La editorial La España Moderna se encargó de publicar las primeras ediciones en España de varias obras de Hume: Historia del pueblo español (1904), Historia de la España contemporánea (1905) y Reinas de la España antigua (1915). Entre 1900 y 1911, se publicaron en Madrid los cuatro volúmenes de la Historia de España y de la Civilización española de Rafael Altamira, con gran atención a la historia de las instituciones político-administrativas, que, durante mucho tiempo, ha sido la mejor exposición general de la historia de nuestro país.

Numerosos libros que ensalzan la historia de España y recuerdan las hazañas pasadas van a ser acogidos como un consuelo ante las miserias contemporáneas, y, en ocasiones, con el ánimo de que el estudio del pasado dará con la manera de salir de la postración presente: así, Los Reyes Católicos, de V. Balaguer, escrito para la Historia de España que se publicó bajo los auspicios de la Real Academia de la Historia; o Guerra de anexión en Portugal durante el reinado de D. Felipe II (Madrid, imp. y lit. del Depósito de la Guerra, 1897 y 1898), de Jualián Suárez Inclán. España en la Edad Media, de Abdón de Paz, es en 1898 recomendado en el Madrid Cómico y en la Ilustración española y americana, donde se dice que "es un libro de historia que se puede leer con el atractivo de una novela" [Ilustración española y americana, tomo I, XLI, p. 271, 1898].

Tampoco faltan en la biblioteca de fin de siglo estudios de la historia europea. La España Moderna publicó, entre 1902 y 1905, los tres volúmenes de La historia universal, de Prevost Paradol. La Revolución Francesa y las subsiguientes conmociones del país vecino atrajeron la atención de algún novelista, como Baroja, que poseía en su biblioteca las historias de Taine, Carlyle, o la Historia de los girondinos, de Lamartine, entre otras [Alberich: 1966, 52-53]. Los Orígenes de la Francia contemporánea de Taine había comenzado a aparecer desde 1900 en La España Moderna, que en 1893 ya había publicado varios libros de este autor (Florencia, Nápoles, Roma, Inglaterra, Milán, Venecia), y que, de nuevo, en 1900, publica Notas sobre París, del mismo. Y fue también esta editorial la encargada de dar a conocer, entre 1900 y 1903, la Historia de la revolución francesa de Carlyle, en traducción de Miguel de Unamuno; y en 1904, Pasado y presente, del mismo autor. En 1902, publicó La España Moderna La Alemania imperial de Whitman y, en 1904, Rusia de Wallace. En 1907, esta editorial publicó la Historia del pueblo inglés de Green (4 vols.), en primera edición en España. Pero en la biblioteca de Baroja la historia de Inglaterra está también representada con otros autores (Macaulay, David Hume y Thierry), así como la de Italia, con Las repúblicas italianas de la Edad Media de Sismondi; el Diario romano, de Gregorovius, y la Historia de Venecia, de Daru, libro por el que sentía gran predilección [Alberich: 1966, 52-53].

En 1894, La España Moderna había publicado La China contemporánea, de Tcheng-Ki-Tong, habiendo aparecido ya algunos fragmentos de la obra en las páginas de la revista. Los asesinatos de Armenia, la insurrección cretense y la guerra greco-turca hace que de nuevo se fije la atención del mundo en la eterna cuestión de Oriente; y en las revistas españolas se da cuenta de trabajos como La question d'Orient depuis ses origines jusqu'à nos jours (París, Felix Alcan, editor, 1898), de Eduardo Driault.


Geografía

En Un pueblecito afirmó Azorín que la geografía es la base del patrimonio. Ese conocimiento de la realidad española por el que se afanaron los escritores e intelectuales de fin de siglo se buscó mediante la continua reviviscencia del pasado de nuestro pueblo, pero también mediante viajes por las tierras, los pueblos, las ciudades, el conocimiento de los viejos monumentos, en un constante recorrer los caminos de España [Abellán: 1977, 12]. Y no en vano, los manuales de geografía ocupan, en la biblioteca de fin de siglo, un lugar tan importante como el de los estudios históricos.

Cuando, en El alma castellana (1900) o en Un pueblecito (1916), Azorín evoca cómo era un pueblo en el siglo XVI, entre otras, su fuente es Relaciones topográficas de los pueblos de España, estudio comisionado por Felipe II en 1575 (todavía inéditas en 1905), u otros diccionarios histórico-geográficos, como el de Madoz y Miñano, Nomenclátor de España y Atlante español [Inman Fox: 1988, 128-129]. Pero también en la biblioteca de Baroja se ha constatado la presencia de unos 450 volúmenes de carácter geográfico, libros de viajes, guías, manuales, diccionarios, etc. Allí, junto a los 'clásicos' de la geografía española, como el Viaje de España, de Antonio Ponz, se encuentran la Introducción a la Historia Natural y la Geografía de España, de William Bowles; las Etudes sur l'Espagne, de Antoine de Latour; o, de nuevo, los diccionarios de Miñano y Madoz junto con otros muchos libros sobre antigüedades y arqueología local, así como abundantes libros y mapas, antiguos y modernos, sobre Italia, Suiza, Francia, Inglaterra, alguno países del Oriente y América [Alberich: 1966, 53-54].

El interés de dos novelistas como Baroja y Azorín por los estudios geográficos no sorprende demasiado cuando comprobamos la atención prestada en algunas revistas culturales de la época a este tipo de trabajos. En 1898, en la Revista Contemporánea se da detallada cuenta de la publicación de la segunda edición corregida y aumentada de Leçons de géographie physique (París, Masson y Compañía, editores), de A. de Lapparent, que se recomienda encarecidamente por su gran utilidad. Pero son también muchísimos los manuales de geografía, debidos a autores españoles, que aparecen en torno a 1898: Compendio de geografía, de Moreno Espinosa; Nociones de geografía natural y humana, de M. Tortosa y Picón; Elementos de geografía universal, de J. Moreno Pinedo; o Elementos de Geografía Universal, de J. Rodríguez de Llano.


Folklore

En íntima relación con los libros de viajes están los que tratan de tradiciones y costumbres populares, y como aquéllos son síntoma del gran interés que las cosas del pueblo, la "intrahistoria", va a despertar en estos momentos. Se trata de un tema de máxima actualidad; en 1898 Rubén Darío publica un artículo en la Revista nueva (vol. II, agosto a diciembre de 1899), sobre el "Folklore de la América Central: Representaciones y bailes populares en Alemania", donde habla de este tema y cita todo los trabajos que hay sobre folklore. En 1898, las revistas culturales más prestigiosas de España dan cuenta de libros como Tradiciones y leyendas españolas (Publicadas Por Luis Tasso), de Luciano García del Real; Antiguallas. Crónicas, descripciones y costumbres españolas en los siglos pasados, de R. Sepúlveda; Tradiciones de Sevilla, de M. Ruiz del Solar y Uzuriaga; El Madrid de los recuerdos. Colección de artículos, de Sepúlveda; Cuentos, tipos y modismos de Aragón, de R. Nogués; Historia de Cataluña. Sus monumentos, sus tradiciones, sus artistas y personajes ilustres, de A. Bori y Fontestá; o Toledo. Tradiciones, descripciones, narraciones y apuntes de la imperial ciudad, de Juan Marina, de la preciosa "Biblioteca Elzevir Ilustrada", que mereció varias y elogiosas reseñas.


Política

Las principales revistas culturales se encargaron de mantener informados a sus lectores sobre asuntos de tanta actualidad como eran por aquellas fechas el socialismo o el anarquismo. Pero también las editoriales se preocuparon por traer a España la bibliografía más importante sobre el tema. Una bibliografía que a juzgar por algunas cifras tuvo una importante acogida entre los lectores españoles (el editor Sempere le declaró, en carta, a Unamuno haber vendido 5.300 ejemplares de Dios y el estado de Bakunin, editado en 1902; 6000 de Campos, fábricas y talleres de Kropotkin, impresa el mismo año; 5000 de Así hablaba Zaratustra de Nietzsche (1906); 14000 de los Estudios religiosos de Renán (1902); 9000 de un extracto de El Capital (1903), y 3500 de El único y su propiedad de Max Stirner (1905) [Mainer: 1987, 58]. Pero el catálogo de Sempere incluía también a Engels, además de a Henry George o Nordau. Socialismo utópico y socialismo científico, de Engels, fue editado por Ricardo Fe en 1886, y Origen de la familia, la propiedad y el estado, del mismo autor, por La España Moderna, en 1894, por primera vez en nuestro país; en 1905 El pueblo de Valencia vuelve a publicar esta obra. La ardiente propaganda de los ideales socialistas Socialismo y educación (Madrid, imprenta de Ricardo Rojas, 1898), de Edmundo Amicis, es traducida por H. Giner de los Ríos. El derecho civil y los pobres, de Antonio Menger, profesor de Derecho en la Universidad de Viena, aparece en versión española, precedido de un estudio sobre El Derecho y la cuestión social de Adolfo Posada, en la Librería general de Victoriano Suárez (Madrid, 1898), y es recibido en La España Moderna como un libro "muy oportuno en nuestro país, en donde se siente, como en todos, esa necesidad de justicia, de armonía de clases" [La España Moderna, año 10, núm. 118, octubre 1898, pp. 5-9]. En 1902, La España Moderna publica El socialismo y el movimiento social en el siglo XIX de Sombart.

Bien conocidas son las fuertes polémicas que sobre el anarquismo protagonizaron los intelectuales españoles y la decisiva influencia que el pensamiento anarquista dejó en los "escritores rebeldes" de la época. Una vez más, La España Moderna fue la primera en traducir las obras capitales del pensador anarquista Kropotkin: en 1893, publicó La conquista del pan (Revista nueva lo publicó de forma seriada) y, en 1900, Campos fábricas y talleres. En 1896, también La España Moderna publicó La sociedad futura, de Grave, en primera edición española y, en 1910, vuelve a editarlo Prometeo. El libro del portugués Antonio de Serpa Pimentel, O anarchismo e a questao social (Lisboa, 1898, segunda edición), fue publicado en la Revista Contemporánea, mereciendo elogiosas reseñas. En 1900, Pedro Dorado comentaba en La España Moderna la aparición de la versión original alemana, Der anarchismus, de Eltzbacher, que estudia principalmente las obras de Goldwin, Proudhon, Stirner, Bakunin, Kropotkin, Tucker y Tolstoy. El mismo Dorado tradujo la obra El anarquismo según sus más ilustres representantes, que se publicó en la editorial de esta revista en 1901, integrándose "en la vasta polémica intelectual sobre la finalidad y objetivos del movimiento anarquista" [Asún: 1981-1982, 168]. También en 1901, La España Moderna publica, por primera vez en España, El único y su propiedad, de Stirner, que vuelve a editar en 1905 Sempere.

Especial mención merece en este capítulo lo que podríamos denominar "la ideal biblioteca obrera"; es decir, la lista de recomendaciones y sugerencias bibliográficas que desde distintos medios -folletos publicitarios, revistas, catálogos de bibliotecas obreras, etc.- se hacía a la clase proletaria. Gracias al estudio que hace José Carlos Mainer de interesantes documentos, sabemos que textos políticos recomendados a la clase obrera eran algunos de la Biblioteca Socialista de Buenos Aires, que ofrece folletos de Amicis, Jaurpes y Pljanov; La defensa de los trabajadores y la jornada de ocho horas, de Kaustky; volúmenes de Enrico Ferri y Cesare Sergi; los numerosos títulos de Fernando Garrido; las Palabras de un creyente, de Lamennais; la Capacidad política de las clases jornaleras, de Proudhon; o algo de Michelet, entre otros muchos autores [Mainer: 1989, 49]. Por su parte, el historiador Joaquín Díaz del Moral, en su Historia de las agitaciones campesinas andaluzas testimonia un mundo de lectura colectiva en medios agrarios, en el que se leían libros y folletos de los maestros del anarquismo: Bakunin, Kropotkin, Reclus, Malato, Malatesta, Faure, Grave, Most, Mirbeau, o los españoles Anselmo Lorenzo, Federico Urales, Soledad Gustavo, Ricardo Mella, Leopoldo Bonafulla, José Prat, J. López Montenegro, etc. [Mainer: 1987, 86-87].

La larga serie de estudios sobre los "males de la patria" con enfoque crítico (Mallada, Picavea, Morote, el mismo Unamuno...) se explicaría difícilmente sin el temprano descubrimiento en España de algunos precursores. Aunque las influencias circulen en todas las direcciones, es innegable el inmediato e importantísimo impacto causado por una obra como Entartung (La degeneración) (1892), de Max Nordau, conocida en España a través de la traducción francesa que aparece en 1894. Muchos autores finiseculares confesaron que su primer contacto con Nietzsche vino con la lectura del libro La filosofía de Nietzsche, de Henri Lichtenberger (París, 1892), traducido al castellano por primera vez en 1898; y el comentario más importante de este estudio parcial sobre las ideas de Nietzsche está precisamente dedicado a la revisión de los valores y a la Vuelta Eterna [Inman Fox: 1988, 150]. Hacia fin de siglo se observa, no sólo en España, un desdén por la historiografía tradicional en general y un especial interés por la "revisión de los valores", tan de moda desde Nietzsche. La psicología nacional, las actitudes mentales y su responsabilidad en los acontecimientos históricos se convierten en punto de mira fundamental. Este interés de los intelectuales españoles por el descubrimiento de los valores nacionales cuenta con estudios semejantes en el resto de Europa, donde surgió antes, con los primeros empujes dados por Montesquieu, Voltaire y luego Herder [Ciplijauskaité: 1981, 29]. No en vano, la situación que se había creado en Francia, a partir del asunto Dreyfus, y los problemas de los últimos años de la Restauración en España, producirán reacciones muy semejantes en los ambientes intelectuales de ambos países.

Numerosos estudios sobre la psicología del pueblo francés son bien conocidos en España: La conscience nationale (París, 1898), de Henri Berenger, uno de los más distinguidos representantes de esa juventud francesa, antipositivista, que suspira por una regeneración ética de la nación, y autor de otro libro muy discutido acerca de La aristocracia intelectual; Psychologie du peuple français (París, Félix Alcan, 1897), de Alfredo Fouillée; Esquisse psychologique des peuples européens, del mismo autor, que tradujo al español R. Rubio; Grandur et décadence des Français (París, 1898), de G. Routier; o L'idée de Patrie (París, 1898), de Legrand. Por los mismo años se publican Les Races et les Nationalités en Autriche-Hungrie (París, 1898), de Auerbach. Pero, el problema del patriotismo preocupa en toda Europa. Rafael Altamira, en un interesante trabajo sobre "El problema actual del patriotismo", publicado en La España Moderna, (año 10, núm. 118, octubre 1898, pp. 63-89), recomienda a los lectores de la revista, la lectura de varios estudios italianos sobre el tema, como Geografia del presente e dell'avvenire, ossia etnografia e geografia politica del mondo civile, giusta i principii dell' etnicarchia (1898), de G. Tomé; Il principio di Nazionalità nella sociologia e nell diritto internazionale (Turín, 1898), de Luigi Gasparoto; o Profilo antropológico dell'Italia, (Firenze, 1898), de Francesco L. Pulle. El propio Rafael Altamira traduce y publica, con un prólogo suyo, en las páginas de La España Moderna (1899 y 1900) y luego en la editorial de esta revista (1900), Discursos a la nación alemana, de Fichte. En 1906, La España Moderna publica también Inglaterra y el carácter inglés de Emerson, en traducción de R. Cansinos Assens.

Si la crisis política contemporánea justifica la multitud de libros extranjeros conocidos en España que tratan el problema de los valores nacionales, también tiene mucho que ver con el renovado y creciente interés que la bibliografía en torno a las colonias (a su historia, su geografía, su situación política, etc.) o a la guerra con los EEUU despierta, durante estos años, entre los intelectuales españoles. La publicación del Atlas de la guerra (Madrid, librería de Hernando y Compañía, 1989) que sostiene España en Cuba y Filipinas muestra la atención con la que se debía seguir desde nuestro país el desenvolvimiento de la campaña. Pero junto a balances más o menos fríos de la contienda, se publican también ahora libros como el de R. M. de Labra, La cuestión colonial; Cuestión palpitante, de Ricardo Becera; o Entre los rebeldes. La verdad de la guerra, de G. Bronson Rea, cuya lectura es encarecidamente recomendada en la Ilustración Española y Americana (Tomo I, número XVIII, p. 292). Abundan las defensas de la actuación de la marina española en la contienda: Algunas observaciones sobre los desastres de la Marina Española en la guerra con los Estados Unidos en el año 1898, de Carlos Saavedara y Magdalena; La opinión y la Marina (Combate de Santiago) , de Luis Pérez de Vargas, etc.

Todo lo que se publica en torno a Cuba, despierta ahora un gran interés en España: Combates y capitulación de Santiago de Cuba, de J. Müler y Tejeiro; o El problema cubano (Bilbao, tomo XXIX de la "Biblioteca Bascongada", 1898), de Pablo de Alzola y Minondo, que fue reproducido en la Revista Contemporánea. Es también conocido y reseñado elogiosamente en algunas revistas españolas el libro del General Marqués de Polavieja, Mi política en Cuba; así como el de A. M. Fabié, Mi gestión ministerial respecto a la isla de Cuba. Abundantísimos son también los trabajos que se leen sobre Filipinas: Enrique Abella y Casariego, en Filipinas, examina las causas de la insurrección; La situación del país, de Juan Cano y Mora, es una colección de artículos publicados en el periódico de Manila La voz Española acerca de la insurrección tagala y las principales cuestiones que afectan a Filipinas; o La insurrección en Filipinas (Barcelona, 1987), del P. Francisco Foradada, de la Compañía de Jesús, opúsculo de actualidad que pretende "popularizar la noción verdadera del derecho católico, en armonía con nuestros legítimos títulos de dominación" [Ilustración Española y Americana, tomo I, número III, p. 52]. Se da cuenta también en La España Moderna de una Bibliografía española de las Islas Filipinas (1523-1810) (Santiago de Chile, imprenta de Cervantes, 1898), de J. T. Medina; así como de la Historia general de Filipinas y Catálogo de los documentos referentes a estas islas, que se conservan en el Archivo general de Indias. Cuaderno 1º, 2º y 3º, de V. Llorens y Asensio. De la misma manera, proliferan y despiertan gran interés los estudios sobre el país enfrentado a España, los Estados Unidos, como La República de los Estados Unidos de América (Madrid, 1897), de Rafael María de Labra. En 1898, La España Moderna publica El gobierno de Nueva-York, de Setad, que había aparecido antes en las páginas de la revista; y en 1901, La constitución de los Estados Unidos, de Eliis Stevens.

Primero, la celebración del centenario del descubrimiento de América y, después, la guerra con los Estados Unidos, reavivaron el interés en España por todos los países americanos. Editoriales como La España Moderna contribuyeron a la conmemoración del centenario del descubrimiento con diversas publicaciones, como Martín Alonso Pinzón (1892), de Asensio; o Historia de América (2 vols.) (1893; existen ediciones anteriores en La Habana y México), de Campe, con notas y prólogo de C. Fernández Duro. Los libros sobre historia, geografía, costumbres de los países hispanoamericanos abundan ahora extraordinariamente. A modo de ejemplo, citaremos la Historia de Chile, de Uriel, que publica, en 1898, La España Moderna. Otros estudios reseñados ahora en las revistas culturales españolas son Historia de la provincia del Uruguay (5 tomos), de C. Techo; o La República y las libertades de Ultramar; estudio histórico-político, de R. M. de Labra, entre muchísimos más. También en relación con la situación colonial hay estudios como el de Rafael M. de Labra, Nuestras colonias de África; o el de A. del Campo Echevarría, España en Oceanía. Descripción histórico-geográfica y estadística de nuestras posesiones en aquella parte del mundo; religión, usos, costumbres de sus habitantes, etc.


Estudios militares

La guerra que en 1898 enfrentó a España con los Estados Unidos no sólo motivó apasionados estudios sobre la situación y defensas de nuestra intervención en la contienda, sino que reaviva también el interés sobre los asuntos militares en general. Muchos de los textos destinados a la misión docente de la instrucción militar se toman de las literaturas científicas extranjeras, sobre todo del francés. Un libro como Introducción a un curso de geografía militar (Madrid, 1898), de Carlos Porro (que encabeza su obra Guía para el estudio de la geografía militar. La guerre turco-grecque de 1897, París, librería militar de L.Baudoin, 1898), es traducido al español por Pedro A. Berenguer. Sin embargo, en torno a 1898 hay una importante proliferación de estudios españoles sobre la materia, que seguramente está relacionada con las circunstancias históricas que se están viviendo. Juan Pérez de Guzmán, en un extenso artículo publicado en La España Moderna [año 10, núm. 109, enero 1898 y año 10, núm. 110, febrero 1898], "La literatura científico militar en España en los dos últimos años (1º julio 1895-1º octubre 1987)”, informa de que "se ha iniciado en nuestra patria, de pocos años a esta parte, un creciente movimiento de elaboración científica". Se enorgullece de que en sólo dos años, y en medio de los aflictivos empeños por que pasa nuestro ejército en Cuba y en Filipinas, España produce un catálogo de libros militares de alta ciencia; y ni siquiera las grandes potencias europeas que más se destacan en los progresos del arte militar ofrecen en este espacio de tiempo una bibliografía más variada, más profunda y más importante. De entre la gran cantidad de obras que cita, destaca, en materia táctica, el Reglamento para la instrucción de las tropas de Administración militar, de Bringas Azpilcueta; la Memoria de organización del batallón de Telégrafos, de Suárez de la Vega, y las Cartillas, de Gallego Carranza; en materia didáctica, la Geometría analítica, de Berenguer, y la Química e Industria militar, de Más y Zaldúa; en materia histórica, la Guerra de anexión de Portugal, del General Suárez Inclán, y en materia de altos estudios técnicos, el Servicio de Etapa, de Correa Oliver; el Memorandum del Oficial de estado Mayor, de Victory y Taltabullo; las tres obras sobre Artillería de fuego rápido, del conde de Canterac, Vargas Oviedo y Mata Maneja y Díaz Ordóñez; las Minas militares, de Banús y Comas; la Balística abreviada, de Lallave García, y la Anatomía quirúrgica y traumatología craneal, de Sloker y de la Pola.


Derecho

Tras la colección menos ambiciosa "Obras de Derecho", anunciadas por vez primera en enero de 1893, importantísima es "La Biblioteca de Jurisprudencia, Filosofía e Historia" de La España Moderna que, en ocasiones, incluso, designa a la totalidad de los libros publicados por la editorial [Asún: 1981-1982, 154]. Intentó ésta la ardua tarea de editar los manuales de derecho, hacienda y economía al tiempo que la traducción sistemática de los autores actuales más importantes.

Entre el gran número de obras de derecho publicadas por estos años llaman principalmente nuestra atención las de derecho penal y criminología, siendo las que mayor representación tienen en la biblioteca finisecular. Y ello, porque gran parte del interés general por los trabajos de sociología criminal rebasaba ampliamente el círculo de especialistas. A este generalizado interés contribuyó la amplia información que sobre estos temas aparecía en revistas culturales no especializadas. Y, no en vano, la influencia de estas teorías se encuentra patente en la literatura de la última parte del siglo XIX español; en la Pardo Bazán, en Baroja y, por supuesto, en Azorín, traductor y prologuista de Las prisiones (Valencia, 1897) de Kropotkin y autor de La sociología criminal (1899), que fue quien siguió más de cerca el desarrollo de las nuevas teorías.

Los teóricos de la escuela criminalista italiana fueron bien conocidos y discutidos en España. Lombroso, Garófolo y Ferri se editaron en La España Moderna por la influencia directa de Dorado, Vida, Posada, Arenal y Salillas a partir de la experiencia común en La Nueva Ciencia Jurídica [Asún: 1981-1982, 169-170]. Esta editorial inició la serie de traducciones de volúmenes de Lombroso publicando en 1892 Antropología y psiquiatría, que fue seguido de cinco obras más de este autor. En 1903, en la editorial de la viuda de Rodríguez Serra fue publicado El antisemitismo, en traducción y con un interesante prólogo de F. Lombardía [Litvak: 1990, 132]. En 1895, se publicaría Socialismo y ciencia positiva, que tuvo una segunda edición en Alicante en 1905, libro que influyó decisivamente en el pensamiento de Unamuno [Litvak: 1990, 132]. También las primeras ediciones de Garófolo en España son las de La España Moderna, y como de toda la escuela criminalista italiana, Pedro Dorado fue el gran conocedor e impulsor: en 1893, aparecen Indemnización a las víctimas del delito y Criminología. Estudio sobre el delito y la teoría de la represión, en traducción de éste. En 1895, apareció La superstición socialista, también de Garófolo [Asún: 1981-1982, 172]. De este autor se publicó además en España Estudios criminalistas, en 1896 [Litvak: 1990, 132-133]. Los nuevos horizontes del Derecho y procedimiento penal, de Enrique Ferri, fue traducida al castellano por Isidoro Pérez Oliva (Madrid, Góngora, 1887). En 1892, La España Moderna publica Antropología criminal, de Ferri, dentro de la Colección de Libros Escogidos. En la misma colección salió, en 1893, del mismo autor, Nuevos estudios de antropología; ambas ediciones se agotaron pronto [Asún: 1981-1982, 169-170].

Pero fueron más los estudios de criminología traducidos, que tuvieron cierta difusión en España. Pedro Dorado Montero tradujo para La España Moderna las obras de E. Sighele, El delito de dos (1895), La muchedumbre delincuente (1895) y La teoría positiva de la complicidad (1895). Mientras, Bernaldo de Quiroz y Llanas Aguilaniedo tradujeron el libro de Sighele y Alfredo Niceforo, La mala vida en Roma, para la editorial Rodríguez Serra (1901) [Litvak: 1990, 133]. En 1893, La España Moderna publica varias obras del criminalista francés Tardé: La criminalidad comparada, Estudios generales y penales, El duelo y el destino político y Las transformaciones del derecho. En 1907, publica El criminal tipo, de Mac-Donald. En 1900 se publicaron varias obras del presidente de la policía de París, Goron: A través del crimen, Hampa de París, Los anarquistas, Rabachol, El anarquismo, Los vengadores, Los nihilistas (Madrid, 1900, 2º ed.), con un éxito tremendo, lo que prueba el interés por los temas criminales [Litvak: 1990, 133]. Otros penalistas publicados por La España Moderna fueron Carnevale y Domingo Giuriati.

Entre los autores españoles, fue muy leído el estudio clásico de Luis Silvela, Derecho penal estudiado en principio y en la legislación vigente en España (la primera edición es de 1874; en el 98 sale una segunda edición corregida); y, por supuesto, los de Concepción Arenal, cuyas obras completas eran publicadas por V. Suárez, en 23 volúmenes, entre 1894 y 1897. De Pedro Dorado, famoso penalista muy vinculado a la empresa editorial de Lázaro Galdeano y buen conocedor de la escuela positivista italiana, se publicó también, en 1894, en La España Moderna, Problemas jurídicos contemporáneos, y en 1898, El reformatorio de Elmira, que ya había aparecido en las páginas de la revista.

En relación con otras ramas del derecho, en 1892, La España Moderna publica Estudios jurídicos de Macaulay, en traducción de Rafael Altamira; y Derecho administrativo, de Meyer, en traducción de Adolfo Posada. En 1893, publica, en traducción de P. Dorado, La génesis y la evolución del derecho civil de Aguanno, con nuevas aportaciones del autor, en relación con las ediciones en francés, alemán, inglés y ruso; y Derecho internacional público moderno, de Neumannn. En 1894, la misma editorial publica de este autor, La reforma integral de la legislación civil, en traducción de P. Dorado; Cuestiones jurídicas, de Iering, en traducción de Adolfo Posada, y con prólogo de Clarín; Derecho internacional público y privado, de Martens; y Derecho mercantil, de Vivante. En este mismo año, La España Moderna publica varias obras sobre Filosofía del derecho: Filosofía del derecho, de Miraglia, e Historia de la filosofía del derecho, de Sthal; y se da cuenta en las páginas de la revista homónima de Obbietto e limiti della Filosofia del Diritto (Roma, E. Loescher et Cº, editori, 1897), de S. Fragapane. También en el 94, salen en esta editorial varias obras de historia del derecho: tres obras de Summer Maine, Historia del derecho, El antiguo derecho y la costumbre primitiva y Las instituciones primitivas; y Sumario del derecho romano, de Hunter, en traducción de Miguel de Unamuno. En 1897, La España Moderna publica Derecho Mercantil (2 vols.) de Supino, en traducción de Lorenzo de Benito; y en 1914, sale una segunda edición ampliada. La primera edición de Ciencia política y derecho constitucional (2 vols.), de Burguess, es la de La España Moderna de 1897 y 1898 (Adolfo Posada destacó su importancia en las páginas de la revista). Sempere vuelve a editarlo en 1908, y después Espasa-Calpe, en 1928. En 1899, La España Moderna publica Derecho político romano, de Momsem (en 1902-1905, da Derecho penal romano, del mismo autor), en traducción de Pedro Dorado; Historia, fuentes y literatura del derecho romano, de Kruger; y, de Gabba, Cuestiones prácticas de Derecho Civil moderno, en traducción de Adolfo Posada, aunque el autor era ya conocido en España desde 1870, fecha en que se publica El pro y contra de la cuestión de la pena de muerte. En 1900, publica Historia e instituciones del Derecho privado romano, de Sohm, en traducción de Pedro Dorado. A partir de 1901, La España Moderna publica los veinte volúmenes de Derecho civil de Ricci. En 1902, publica Derecho constitucional, de Sansonetti y en 1905, Método de derecho internacional, de Jitta, publicado por primera vez en España.

El método comparatista "trasplantado, como en general las demás formas del método positivo, desde las ciencias naturales a las ciencias sociales" tiene cierto éxito en los estudios de derecho. Entre 1897 y 1898, se traducen y publican en La España Moderna dos estudios complementarios de Derecho comparado: Ciencia política y Derecho constitucional comparado, de Juan W. Burgess, y Derecho administrativo comparado, de Francisco J. Goodnow, considerándose en las páginas de la revista a trabajos de estas características muy necesarios "hoy que las relaciones internacionales son tan frecuentes y que cada país está influyendo y siendo influido continuamente por los demás" [La España Moderna, año 10, núm. 116, agosto 1898]. La edición del libro de Goodnow, a cargo de Adolfo Posada, se integra en los volúmenes que Lázaro pensara como manuales en la enseñanza universitaria [Asún: 1891-1892, 175].

Entre los autores españoles citaremos, a modo de ejemplo, las principales obras de Joaquín Costa sobre historia del derecho, como Derecho consuetudinario del alto Aragón (1880), Plan de una historia del derecho español en la antigüedad (1887), o su importante Colectivismo agrario en España. Doctrinas y hechos (1898); la Historia de las instituciones sociales de la España goda de Pérez Pujol, publicada en Valencia en 1896, dos años después de su muerte; la Historia general del derecho español de Eduardo de Hinojosa, cuyo primer volumen se publica en 1887.


Economía

Quizá sea paradójico para un país que está empezando a despertar de una economía casi en el subdesarrollo hacer estudios sobre comercios, bancas, industrias o reflexiones sobre la propia economía. Lo que sí es cierto es que no se puede dudar del interés que despiertan los asuntos económicos, al nivel que sean, en la España de finales del XIX. Editoriales como las de Bailly-Baillière difunden Anuarios de comercio con una buena proporción de datos sobre la industria y el comercio de España con sus colonias y Portugal, ofreciendo nuevas vías para productos y nuevos mercados de importación. La misma función tiene la publicación de compendios económicos a la manera del de F. Pérez de Toro, Compendio de historia general del desarrollo del comercio y de la industria (Tomo I). También las bibliotecas como la Biblioteca de sociología se preocupan por la economía mundial, como en el volumen XIX dedicado a la economía en Rusia, estudio de Máximo Kovalewsky. El libro despertó interés debido a que en él se exponen, a través del ejemplo de la evolución económica en Rusia, los orígenes mismos del régimen capitalista que, desde hace más de doscientos años, existe en Europa. Otra enciclopedia preocupada por los sistemas económicos es la “Encyclopédie scientifique des Aide-Mémoire” con volúmenes tan prácticos como el de H. Laurent, Théorie des opérations financières (París, Gauthier Villars et fils, editores), dirigido a las personas que deseen saber cómo se efectúa el comercio de papel y de los metales preciosos.

El interés sobre las economías de otros países se hace evidente también a través de regímenes económicos de indudable capacidad financiera como Alemania: Étude economique et juridique sur les Bourses allemandes de valeurs et de commerce, de André E. Sayous (París, 1898, Arthuer Rousseau, editor) que es una obra muy trabajada y rica en datos con un balance de las corrientes económicas dominantes en Alemania; o también Japón que obtuvo un rápido progreso, La Hacienda pública japonesa, de José García Barzanallana (Madrid, 1898). Exposiciones como la Universal de París que se celebrará en el 1900 van a despertar mucho interés ya en el 1898, ya que abren una vía comercial importante entre los diferentes países. Un simple libreto como es El monitor de las exposiciones concentra interesantes artículos de Laisant, V. Charbonnel y un trabajo estadístico de Deseormeaux sobre las relaciones comerciales de Francia y España.

Junto a los trabajos de clara utilidad que estudian el negocio y la educación, la administración (E. Blanco Martínez, Elementos de Administración y de Hacienda Pública) los hábitos para el negocio, los desastres financieros (J. Blas, Desastres financieros. La Deuda pública, su unificación y extinción), los modos de ganar dinero, como el conocido libro de Jonatham Levy, Arte de hacer fortuna, recomendado para las escuelas o los libros de introducción a la economía: Principios elementales de la ciencia económica por J. Pierns Hurtado (Madrid, Victoriano Suárez), en el que destaca su planteamiento sistemático, y el de M. Martín Pérez, Nociones de industria y comercio, se encuentran otros que rayan en una filosofía económica, como la refutación que Miguel Cabezas hace a los folletos de Frédéric Bastiat en Sofismas económicos (Madrid, 1898).


Filosofía y religión

El mundo del pensamiento científico siempre ha estado indisolublemente unido al pensamiento filosófico y éste al estudio del mundo de las creencias y de las religiones. Los estudios de carácter misceláneo se hacen más patentes en esta sección, sobre todo aquellos en los que la ciencia se complementa y justifica con la religión y la filosofía y ambas también entre sí como en Filosofía cristiana, de Ramón Torre-Isunza (Madrid, 1897 y 1898). Otro de clara interferencia entre materias es Origen, naturaleza y formación del hombre, de Lasplasas. (San Salvador, 1896). No hay ciencia sin religión para este autor que arremete contra el espíritu moderno, el liberalismo y el filosofismo, a los cuales atribuye todas las desdichas y males cualesquiera que sea su índole. También en el opúsculo Organización del movimiento científico católico contemporáneo, de Rafael Rodríguez de Cepeda (Valencia, imprenta de Federico Domenech, 1897) se ofrece la idea de los grandes progresos que hace el espíritu católico juntamente con la ciencia. Otro libro de gran interés, aunque ya referido en la sección de biología, es el del Padre Zacarías Martínez, Ciencia y Filosofía, en el que también se trata de las relaciones existentes entre la ciencia y la religión, así como las falsedades que desde la ciencia se demuestran. Lo anárquico del pensamiento de fin de siglo es puesto en evidencia por L. Ribert con su Essai d'une philosophie nouvelle sugeriée par la science (Félix Alcan, editor, 1898); sin embargo reconoce que la anarquía puede disolverse mediante concepciones filosóficas pero que estén apoyadas en la ciencia.

El mercado libresco encontrará en los temas religiosos un buen filón para sus publicaciones. Por ello vamos a encontrar gran variedad de libros, que contemplan un amplio panorama, como las tradicionales novenas, las "doctrinas cristianas", los catecismos y devocionarios, y toda la apologética habitual y necesaria [Botrel]. La religión se consume y se ve primeramente como una materia de enseñanza, de ahí los libros que sin llegar al catecismo invitan a adquirir por lo menos una reflexión, como son historias de milagros (Historia de las traslaciones milagrosas de la Santa Casa de Nazareth en Loreto. Los portentos de Monte-Alverno y mi viaje a Tierra Santa del Padre Francisco Lorenzo María de Rojas), relatos de viajes religiosos que pretenden ofrecer una lección determinada por medio de ejemplos (Desde lejanas tierras. Galería de narraciones para la juventud, recogidas por un Padre de la Compañía de Jesús), las vidas de personajes bíblicos ofrecidas a través de la historia sagrada como la de Machuca Díez y Masambeti (Doctrina cristiana explicada e Historia sagrada, seguido de la Doctrina cristiana) o la vida de Jesucristo de A. Sant, Vida de Nuestro Señor Jesucristo (Tres tomos. Lecturas católicas. Sarriá-Barcelona, septiembre, octubre y noviembre, Año IV, números 39, 40 y 41).

También la religión sirve para teorizaciones de carácter general, como el libro de Eloa sobre El credo y la Razón, que es una serie de reflexiones sobre las grandes afirmaciones católicas del símbolo de la fe, o este otro a medio camino entre la teorización religiosa y la pura filosofía de P. Pidal, Espiritualismo lógico, síntesis de mi conciencia metafísica. También abundan los tratados de perfección a modo de guía para el buen cristiano como el de L. de la Puente, Tratado de la perfección en todos los estados de la vida del cristiano. Se transmite también una preocupación por asuntos de la más pura ortodoxia cristiana sobre muy diversos puntos: F.M. Martínez Marín, Consideraciones en forma de plática sobre los Símbolos Bíblicos del sagrado Corazón de Jesús, o las reflexiones de J. Buj sobre la Eucaristía y la comunión diaria.

La religión como estamento poderoso se analizará también, sobre todo en su relación con la política y el estado, con posturas tan diferenciadas como las que se aprecian en estos libros. El Padre Felipe Senillosa en su conferencia, La separación de la Iglesia del Estado, ofrecida en el marco del Comité liberal de Buenos Aires, consideraba que la religión es exclusivamente el culto de la Divinidad, y que, por consiguiente, como íntimo sentimiento del alma, no puede ni debe ser determinado por ley o constitución alguna; por otra parte Lorenzo Moret y Remisa en una serie de conferencias tituladas: Del cristianismo en España como elemento de la nacionalidad (Madrid, imprenta de san Francisco de Sales, 1898) se proponía demostrar justamente lo contrario, cómo los principios de la religión católica han intervenido de tal modo en España que no hay gloria militar española ni monumento jurídico de la patria que no estén inspirados en la más pura doctrina del catolicismo. La acción católica obrera que más tarde daría lugar a crear numerosos centros de reunión de círculos católicos, es una muestra más de la conciencia social que a finales del siglo XIX se había producido en España. La difusión de la doctrina religiosa a clases obreras propicia la creación de manuales como el del Padre Antonio Vicent, Manual de escuelas de perfección cristiana y de reforma social (Segunda edición. Valencia, 1898), muy adecuados para sacerdotes o personas que vayan a impartir enseñanzas entre las clases jornaleras.

El 98 es sin duda un año prolífico para el mundo de las ideas en toda Europa y gracias a los esfuerzos de editoriales como La España Moderna y a bibliotecas filosóficas españolas y extranjeras como la “Bibliotèque de philosophie contemporaine”, el público español tuvo acceso a muchas obras claves de la cultura europea del fin de siglo. Nuestros escritores se nutrieron de lecturas francesas, preferentemente, alemanas e incluso rusas y se fueron formando mitos alrededor de nombres como Tolstoi, con su libro Mi religión, ya muy conocido por los lectores españoles, o como Nietzsche al que leyeron con avidez Unamuno, Valle-Inclán o Machado. Por ejemplo se bebe en fuentes extranjeras para extraer las enseñanzas de Nietzsche como en La filosofía de Nietzsche, de Enrique Lichtenberger (París, Félix Alcan, editor, 1898), que es uno de los primeros estudios completos en francés que se hicieron sobre el filósofo. Pero las teorías de Nietzsche suscitaron discusiones entre sus admiradores y sus adversarios. En España, el académico de las Ciencias Morales y Políticas E. Sanz y Escartín, en su conferencia, Federico Nietzsche y el anarquismo intelectual, arremete contra la popularidad inmerecida que la singular filosofía de Nietzsche ha llegado a conseguir. Aunque bien es cierto -reconoce este autor- que son escasos y de importancia secundaria los trabajos publicados en castellano acerca de este escritor, pero que no debemos dolernos de ello -apunta irónicamente-, pues aporta poco a la cultura.

Por otra parte, escasos son los trabajos que de pensadores españoles circulan por las reseñas de las revistas de fin de siglo (sirvan como muestra los de R. Arnaiz, Los grandes problemas filosófico-naturales y R. Lozano Monzón, Tratado de anatomía filosófica: primera serie). En contra, el mercado está saturado de libros en francés, desde estudios sobre el conocimiento racional Le rationnel de Gastón Milhaud (París, Félix Alcan, editor 1898); que comprende entre otros capítulos: "Matemática y filosofía", "La ciencia racional" y "El razonamiento científico y el silogismo"; hasta los libros que tratan los grandes problemas del hombre como el destino, las pasiones o el determinismo. Sobre esto último reflexiona Ernesto Naville en Le libre arbitre, segunda edición corregida y aumentada (París, Felix Alcan, editor, 1898). Quiere este autor que la filosofía reconozca que si el determinismo es el postulado de toda las ciencias físicas y fisiológicas, la admisión de un elemento de libertad relativa es, con no menos certeza, el postulado de todas las ciencias psicológicas y morales. Sobre la experiencia como mal del destino del hombre escribe el abate C. Piat en su libro La personne humaine (París, Félix Alcan). Para este autor el presente ofrece a la sociedad el raro carácter de que no se cree más que en la experiencia. Y esta manera de concebir la naturaleza ha producido una revolución en la moral; se han transformado todas las nociones que interesan al destino humano: libertad, personalidad, derecho, deber, inmortalidad, vida futura, Dios, serían otras tantas cosas sin sentido o con uno diferente del tradicional. La solución no está en destruir el pasado, sino en agregarle lo presente en interés de lo que está por venir. Del mismo autor es el Destinée de l'homme donde se centra más en el intento de probar que existe otra vida. Casi a modo de manual para tratar pasiones y controlarlas es el libro de P. Félix Thomas, L'education des sentiments (París, Felix Alcan, 1898). Hay, como es lógico a través del título, un examen del placer y del dolor, de las inclinaciones y de las pasiones. Analiza estos sentimientos primero en el hombre en general y después en el niño.


Arte

¿Qué es el arte? (1898) de Tolstoi fue muy pronto traducido; llegó a España en 1902, a través de las páginas de La Revista Blanca, y después fue publicado por Maucci. En 1900, La España Moderna publica Estética de Lemcke, en traducción de Miguel de Unamuno, por primera vez en España. A pesar del temprano conocimiento de Ruskin por una minoría intelectual española, en 1987 sólo se había publicado una traducción de A Joy for Ever, en Barcelona, bajo el título La belleza que vive. Luego La España Moderna publicó las primeras ediciones en castellano de varias de sus obras: Las siete lámparas de la arquitectura (1901); Obras escogidas (1905); y Las piedras de Venecia (1912). En 1901, la editorial Rodríguez Serra publica una traducción de The Queen's Gardens, con prólogo de Pedro Corominas. En 1903, la revista Catalunya publicó algunas conferencias de Ruskin sobre arte y trabajo bajo el título "Lo travall", aparecidas posteriormente como libro. En 1905 Manuel de Montoliu tradujo al catalán Sesame and Lilies, con el título de Els lliris del jardí de la reina. La editorial Prometeo, de Valencia, presentó por su parte una traducción de Modern Painters [Litvak: 1980, 24-26]. También llegaron relativamente temprano a una élite intelectual española los ecos del trabajo de Morris. En 1901, La Revista Blanca lanzó en varias entregas la obra The Tables Turned, bajo el título Se volvieron las tornas. News from Nowhere lo publica Maucci en Barcelona, en 1903, con el título de Noticias de ninguna parte o una era de reposo [Litvak: 1980, 26-27].

Historias del arte europeo no faltan tampoco en la biblioteca de fin de siglo. En 1893, La España Moderna publicó La pintura en los Países Bajos, El arte en Grecia y Filosofía del arte, de Taine. La España Editorial, por su parte, cuenta con una "Biblioteca popular de Arte", que pretende un estudio del arte contemporáneo europeo, y en la que aparecen volúmenes como Las Artes en Roma, del que dan cuenta casi todas las revistas; o La pintura inglesa, que ofrece un importante estudio de la escuela prerrafaelista.

Con relación al arte español, en torno a 1898, varias revistas informan acerca de dos estudios recién publicados sobre arte medieval: El simbolismo en la arquitectura cristiana (Madrid, 1898), que es una conferencia dada en la Sociedad Central de Arquitectura por su presidente D. Enrique María Repullés y Vargas, de la Real Academia de Bellas Artes; y Sentimiento de la naturaleza en los relieves medievales españoles (Madrid, establecimiento tipográfico de san Francisco De Sales, 1898, 27 págs), de Enrique Serrano Fatigati. Velázquez (Francia, casa editorial de H. Laurens), de A. de Beruete, apareció con un prólogo de León Bonnat, que se tradujo en La España Moderna (año X, núm. 112, abril 1898, pp. 5-12); y Vida y obras de D. Diego Velázquez, de Jacinto Octavio Picón, es elogiado en Revista nueva (núm. 18, 5 agosto, 1899). En 1895, La España Moderna publicó Goya, de Araujo Sánchez, que había aparecido con anterioridad en las páginas de la revista.


Literatura (estudios, ediciones de clásicos y literatura extranjera)

En un intento seguramente de contribuir a la introducción y mejor conocimiento de los muchos autores extranjeros traducidos y publicados en España, algunas ambiciosas editoriales se esforzaron para que en la biblioteca de fin de siglo estuvieran presentes historias o estudios monográficos sobre casi todas las literaturas, por muy lejanas y desconocidas que fueran para la mayoría de los lectores españoles. En 1899, La España Moderna publica Historia de la Literatura Francesa de Dowden, siendo ésta la primera y única edición en España. Pero obras como Historia de la literatura francesa y La novela naturalista, de Brunetière; o La escuela romántica en Francia, de G. Brandès, presentes, por ejemplo en la biblioteca de Baroja, eran también conocidas en nuestro país. De 1894 a 1901, La España Moderna publica los 5 volúmenes de la Historia de la literatura inglesa de Taine, también presente en la biblioteca de Baroja. En 1899, publica Historia de la literatura clásica griega, en traducción de Soms y Castelín, y en 1900, la Historia de la literatura italiana, de Garnet, por primera vez en España; e Historia de la literatura rusa, de Waliskeszewski. En 1904, esta misma editorial publica la Historia general de la literatura, de Gomblanc; y, en 1905, da a conocer la Historia de la literatura en los Estados Unidos, de Lewis Pattee. En 1892, La España Moderna publicó Ibsen de Passarge, que ya había sido dado a conocer en las páginas de la revista, como introducción y presentación de las obras del escritor que en lo sucesivo se iban a dar a conocer. Y en 1893, como complemento a las frecuentes ediciones de Zola, publicó Zola de Maupausant. En torno a 1898, aparece Stecchetti en España, de Cayetano Alvear. En 1906, La España Moderna publicó Estudios sobre Virgilio, de Sainte-Beuve.

Se traducen y publican también historias de nuestra literatura debidas a plumas extranjeras. En 1895-97, La España Moderna publica La literatura castellana y portuguesa (2 vols.), de Wolf, en traducción de Miguel de Unamuno y con notas de Menéndez Pelayo, que había aparecido antes en la revista. El mismo Menéndez Pelayo, encargado de dar a conocer en las páginas de La España Moderna los trabajos de los hispanistas alemanes, impulsó a la traducción de A History of Spanish Litterature (London, William Heinemann, 1898), de C. James Fitzmaurice-Kelly, que publicó la editorial homónima, en 1901.

Y junto a historias generales, hay que citar trabajos monográficos, debidos a hispanistas españoles, como La leyenda de los infantes de Lara, de Ramón Menéndez Pidal, que aparece en 1898, siendo "la segunda piedra puesta en los cimientos de la historia de nuestra épica", según declara M. Menéndez Pelayo en La España Moderna (año 10, núm. 109, enero 1898); la primera es el libro de Milá y Fontanals, De la poesía heroico-popular castellana (1874), que abrió el periodo científico para estos estudios. La controversia que provocó el centenario del Quijote ocupó lugar prominente en todos los periódicos. Recordemos el interés de muchos de los hombres de fin de siglo hacia la gran novela española. Azorín, por ejemplo, conocía muy bien la bibliografía en torno a Cervantes y manejó todas las biografías importantes, desde la de Mayans (1737) hasta el estudio de Astrana Marín, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes (1948-1954) [Inman Fox: 1988, 144]. Con el renovado interés hacia la obra de Cervantes se editan algunos estudios; en 1898, aparecen, por ejemplo, la obra del siglo XVIII, Noticia de la verdadera patria (Alcalá) de Miguel de Cervantes de Sarmiento; o Estudio tropológico sobre el 'Don Quijote de la Mancha', del sin par Cervantes, de B. Villegas. Abundan, como es lógico, los ensayos sobre autores recientes, como los que figuran en la "Colección de Personajes Ilustres" de La España Moderna: así, por ejemplo, Martínez de la Rosa (1891) y Núñez de Arce (1891), de Menéndez Pelayo, que se habían publicado por primera vez en 1882 en Autores dramáticos contemporáneos. En 1891, publicó también La España Moderna, en la misma colección, tres ensayos de la Pardo Bazán sobre tres escritores españoles: El padre Luis Coloma, Alarcón y Campoamor; así como un ensayo sobre Ayala, de Picón, y uno sobre Ventura de la Vega, de Valera, que también habían aparecido en Autores dramáticos contemporáneos, en 1882 y 1881, respectivamente. En el terreno de la crítica literaria de actualidad fueron especialmente influyentes libros como el de Pompeyo Gener, Literaturas malsanas. Estudios de patología literaria contemporánea (Madrid, Fernando Fe, 1894), en clara deuda con Degeneración (1892) de Max Nordau, conocido en España sobre todo a través de la traducción francesa de 1894. Pero hay que citar también la aparición de obras como Estudios de estética, de J.M.Llanas Aguilaniedo, que es el primer intento de teorización acerca del emotivismo asimilado con el modernismo; inspirando más de un artículo en la Revista nueva.

Como ocurría con la historia o con el paisaje español, también en nuestros clásicos intentaron los de fin de siglo descubrir "el alma castellana". Ya hemos hablado de la actividad de lectores de la literatura española de gran parte de los autores de la época. La fama de Azorín se debe, en gran medida, a su comentario "al margen" de los clásicos, fruto de su entusiasmo por la literatura española y por la crítica literaria, expresados una y otra vez desde su primer folleto, La crítica literaria en España (1893) [Inman Fox: 1988, 121]. Pero en la época que nos ocupa, el público aún no tenía acceso a las ediciones populares no eruditas. Todavía no existían los Clásicos Castellanos (el primer tomo de esta colección, Las Moradas de Santa Teresa, con prólogo y notas de T. Navarro Tomás, salió en 1910), la colección Austral o las múltiples ediciones populares de Aguilar y Espasa-Calpe. Se leían las obras maestras -y sólo un público minoritario- o en las excelentes ediciones decimonónicas de la Biblioteca de Autores Españoles, o en ediciones extremadamente eruditas y caras [Inman Fox: 1988, 140-141]. Pueden recordarse, a modo de ejemplo, la Antología de poetas líricos castellanos desde la formación del lenguaje hasta nuestros días (tomo VII y el nº 205 de la colección "Biblioteca Clásica") de Menéndez Pelayo; o, dentro de la colección "Joyas de la mística española", que publica La España Editorial, Avisos y sentencias espirituales, de S. Juan de la Cruz, edición muy cuidada y lujosa.

Varias revistas finiseculares van a contribuir de forma decisiva a la divulgación en España de las letras extranjeras, tanto con la publicación de poemas y relatos, como con ensayos críticos. A modo de ejemplo, recordemos que Emilia Pardo Bazán ofrece durante varios años, en La España Moderna, un panorama general de la literatura contemporánea francesa; o que desde la revista Helios se dio debida cuenta de la poesía simbolista. Pero son también algunas editoriales las que, a finales del siglo XIX, desarrollan una clara política de "europeización" de la literatura. La España Moderna en Madrid, con su "Colección de Libros Escogidos" dedicada casi íntegramente a autores extranjeros, Bauzá, Maucci, Ramón Sopena en Barcelona, o Sempere en Valencia, fueron las encargadas de dar a conocer en la España finisecular la literatura europea. Y aunque se siguen publicando los sempiternos novelistas franceses, aparecen nuevos autores.

El género novelesco es obviamente el máximo exponente de la producción editorial, con clara preferencia entre los lectores españoles, sobre las traducciones de poesía o teatro, mucho más reducidas y restringidas a círculos artísticos minoritarios y, en el caso de las primeras, dadas a conocer principalmente a través de revistas poéticas. Hasta 1895, fueron fundamentalmente las literaturas francesa y rusa, los dos pilares en torno a los que giró el intento divulgador de la literatura de creación europea. De entre los autores de la escuela naturalista francesa, Zola fue el más traducido, hasta el punto de que no quedó sin ser vertida al castellano ninguna de sus obras, y muchas en varias versiones. Pero, aunque se ha dicho que el naturalismo francés fue, para los españoles, "casi exclusivamente la influencia de Zola" [Pattison: 1965, 50-62], lo cierto es que fueron muchos más los autores franceses presentes en las librerías españoles en las dos últimas décadas del siglo. La amistad de Emilia Pardo Bazán con los Goncourt, Bourget..., facilita la traducción de títulos de toda la escuela naturalista francesa, que ella conocía bien, en La España Moderna [Asún: 1981-1982, 141]. Esta editorial -cuyo ejemplo puede resultar representativo del panorama editorial de la época- publicó, junto a casi todos los ensayos teóricos de Zola, obras de Balzac, los hermanos Goncourt, Daudet, frecuentemente traducido en España desde 1880. Dio a conocer también las obras de Coppée (Fernando Fe ya había publicado en 1890 Enriqueta de este autor) o Gautier y fue también la primera editorial que publicó en España las obras más significativas de Barbey d'Aurevilly (Las Diabólicas fue también publicado por Lizcano y Compañía) y Amiel, sacando en 1900 el Diario íntimo. Aunque en menor cantidad, no faltan tampoco en el catálogo de La España moderna algún autor dramático (Sardou) y algún poeta: Los paraísos artificiales de Baudelaire se publica en 1894, pudiendo ser ésta la primera edición completa de la obra en España.

Igualmente a Emilia Pardo Bazán se debe la temprana edición en La España Moderna de los escritores rusos, Tolstoi y Turgueneff, fundamentalmente, que se traducen no de las versiones originales sino de las francesas. También Maucci publicó, en 1902, alguna obra de Tolstoi, como Ibán el imbécil y Mi confesión. Contrasta el escaso número de traducciones de Dostoiewski con las abundantes de Tolstoi y Turgueneff, a los que se consideraba más específicamente novelistas. Y es que aquél, en un primer momento, fue considerado más como un penalista y un sociólogo, a través de sus descripciones del mundo de las prisiones, que como el gran novelista que tradujeron las editoriales en los años veinte. Un dato curioso: La novela del presidio, que formó parte primero de la Colección de Libros Escogidos de La España Moderna, pasó a formar parte después de las Obras de Derecho [Asún: 1981-1982, 167-168]. La España Moderna fue también la encargada de dar a conocer en España a los escritores rusos Korolenko, Potapenko, muy poco conocido en su época y Chejov, que se tradujo mayoritariamente en los años veinte.

A la masiva traducción de los escritores franceses y rusos le sucede un criterio distinto. Poco a poco se intenta traducir a los autores más representativos de sus respectivos países o las obras de los ganadores del premio Nobel de literatura, integrándose unos y otros en la heterogénea, y no siempre delimitada, colección de "Grandes Autores Contemporáneos" de La España Moderna [Asún: 1981-1982, 147]. Se empieza a percibir a partir de los últimos años del siglo una mayor diversificación en el mundo editorial español; autores italianos, suecos, daneses o alemanes, son ya más habituales al lado de los franceses. La España Moderna publicó obras de Heine y Sudermann, probablemente a instancias de Unamuno, que conocía al autor y había traducido ya La honra [Asún: 1981-1982, 191]. Publica también al belga Camilo Lemonnier y fue, así mismo, la que introdujo al escritor noruego Ibsen: la edición de Casa de muñecas de 1892 es la primera del autor en España, anterior a la catalana de L'Avance y a la que hiciera Antonio de Vilasalba para la colección barcelonesa de Teatro antiguo y moderno. Publicó también obras del novelista polaco Sienkiewicz y de la italiana Neera (seudónimo de Anna Zuccari).

Pero si La España Moderna realizó una gigantesca labor en el intento de aproximación de las letras europeas, otras editoriales no se quedaron atrás. El 14 de junio de 1901, la editorial Sempere lanza su serie de libros populares, entre los que figuran, junto a Kropotkin, Maupassant, Octave Mirbeau, Elisée Réclus, Anatole France, Dimitri Merejowski, con La muerte de los dioses -que se publicó para contrarrestar el éxito de la católica Quo vadis? -, Sébastien Faure, Zola, D'Anunzio, Tolstoi o Daudet, entre otros. El catálogo de Sempere incluía también a Ibsen (dado a conocer, en cambio, por La España Moderna), Björnsön, Sudermann o Chejov. El de Ramón Sopena, por su parte, ofrece junto a los clásicos del siglo XIX -títulos de Sue, Hugo, Dumas, Scott y Dickens-, a Tolstoi y Dostoievski. Lizcano y Compañía publica a Eça de Queiroz, en traducción de Bargiela y Villaespesa. En 1899, se publica El cuervo de Edgar Alla